EL AUTOR es economista, ingeniero y escolar. Reside en Santo Domingo.
POR JAIRO DE JESUS ESPINO
En crematística, pocas veces se entiende la estrecha relación entre la demanda agregada y las fallas del mercado, aunque ambas determinan el rumbo de nuestra actividad productiva y el bienestar social.
La demanda agregada representa la suma del consumo de los hogares, la inversión empresarial, el desembolso del Gobierno y el intercambio comercial del país en el ámbito internacional.
Es, en palabras sencillas, el pulso de la crematística: cuando la demanda agregada crece, se expande el empleo y la producción; cuando se estanca, amenaza con recesión o desaceleración económica.
Sin confiscación, aun cuando la demanda es suficiente, los mercados no siempre funcionan y no se estimulan de modo valioso. Entonces aparecen las fallas del mercado, estos fenómenos que distorsionan la asignación de bienes y frenan el crecimiento y, por consiguiente, el incremento financiero.
Entre ellas destacamos la contaminación ambiental como una externalidad negativa, la provisión insuficiente de capital públicos, el atropello de monopolios o la información asimétrica que sufren consumidores y productores.
Debate indefinido
En República Dominicana, este debate no es indefinido; más adecuadamente, lo vemos y se manifiesta en los precios de los medicamentos, en el transporte urbano congestionado, en la exigencia de energías limpias y renovables o en la dificultad de las pequeñas y medianas empresas para consentir a financiamiento ganga (tasa de interés). Son claros ejemplos de cómo la dinámica de la demanda agregada se entrelaza con los límites del mercado.
En consecuencia, se hace impostergable la intervención del Estado, que debe interpretar no solo con políticas fiscales y monetarias que estimulen la demanda agregada, sino asimismo con regulaciones que corrijan las fallas del mercado y que protejan a los ciudadanos de las turbulencias que se generan en la crematística.
Fallas estructurales
A todo lo expresado anteriormente le sumamos las fallas estructurales de nuestra crematística, que para el 2026 siguen marcando un oposición para el gobierno y las empresas: Incorporación informalidad gremial que limita la productividad y la cobranza tributaria, la dependencia de importaciones en sectores estratégicos, lo que expone al país a choques externos y presiones cambiarias, la descenso diversificación exportadora, concentrada en pocas ramas que dificultan sostener un crecimiento inclusivo el débito en infraestructuras, inversión social y abastecimiento, que encarece la competitividad, la desigualdad en el comunicación al crédito y a la tecnología e innovación, que deja rezagadas y muy antes a micro y pequeñas empresas.
La estabilidad macroeconómica y la eficiencia microeconómica son dos perfiles de la misma moneda. Si no se atiende la demanda agregada y si no se corrigen las fallas del mercado, la crematística dominicana corre el peor aventura de seguir sin crecimiento, sin equidad y sin sostenibilidad empresarial y social.
jpm-am
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