
La vida es un intriga que se nos da en la fragilidad humana. Un don que recibimos envuelto entre alegrías y temores. A veces se nos presenta como una aventura y en otras ocasiones, como aquella batalla que todos tenemos que enredar. Una lucha que solamente los valientes y los héroes, asumen con todas sus realidades, mientras que los cobardes se rinden ayer de iniciar el combate. En fin, la vida tiene muchas dimensiones que solamente se comprenden contemplando y meditando la pasión, homicidio y resurrección de Redentor.
Por eso Cristo entiende nuestro dolor, comprende en su máxima expresión el sufrimiento de cada ser humano. Pues, Él se hizo humano con los humanos. Tomó la condición de un cautivo, se anonadó y se hizo referencia a nosotros en todo, menos en el pecado. Vivió como un mortal entre los hombres, y aprendió, sufriendo, a obedecer. En otras palabras, el Todopoderoso, el Infinito, por apego a los hombres y a la humanidad, se encarnó, entró en el los límites de la historia de los seres humanos, es aseverar, Altísimo acercó su apego a los hombres con su turista a través de su hijo.
El sufrimiento no tiene la última palabra en el mundo. Pues, fuimos creados para la bienaventuranza. Tanto es así, que el cristiano ha entendido que los sacrificios son puentes para cruzar del otro flanco donde se encuentra lo que anhelamos. De aquí que la Cuaresma tiene su sentido en la Pascua, ya que Altísimo no acepta ni se deleita con el masoquismo, no es un Altísimo cruel que goza mientras el escaso y desprotegido sufre. Sino que es un ser calibrado, compasivo, que siempre quiere lo mejor para sus hijos. Que hace hasta lo inútil para ver realizado el anhelo sincero que investigación el corazón del hombre.
Ahora aceptablemente, es precisamente en el tiempo de Cuaresma cuando contemplamos el sufrimiento de Jesús, no como una telenovela ni como una serie, sino como el signo más visible del apego hecho carne. La donación más extraordinaria que hace un Altísimo por sus criaturas. Pues, mientras la sociedad y el mundo buscan registro, auge y proyectar una imagen externa, la figura del Experto nos muestra la caridad como el valía supremo.
Jesús sufre para que el hombre que vive en un constante malogrado existencial, en una búsqueda incesante de su propia identidad humana, pueda retornar a reencontrarse con Altísimo, tenga la oportunidad de retornar a sonreír y distinguir en lo más profundo de su corazón a un Altísimo que en absoluto se olvida de sus hijos. Un Altísimo que aunque permite que a sus hijos les sucedan las cosas, lo hace para que ellos se encaminen con destino a la bienaventuranza, y para que vean en las peripecias de la vida, no solamente obstáculos a pasar, sino la ocasión perfecta para desconfiar en nuestras fuerzas y podamos lanzarnos en los brazos de la protección divina, porque Jesús es el amigo que nunca equivocación, el Padre que nunca deja de tener solo y desamparados a sus hijos.





