
Seguimos avanzando en el tiempo de la Cuaresma. Continuamos profundizando en el proceso de conversión, purificación y maduración de la fe que la Iglesia nos propone, con la experiencia del ayuno, la ayuda y la oración. Vamos revisando nuestra vida a la luz de los evangelios, precisamente en el camino vivido por Jesús antaño de tener su pasión, asesinato y resurrección. Paso a paso, incluso entramos en esa peregrinación existencial y espiritual que es propia de todo ser humano que averiguación elevar su vida a la bondad, que no quiere quedarse siendo un cristiano global y corriente.
En el tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos ofrece el medio más eficaz de tener una conciencia clara de las preguntas existenciales de la vida. Es cuando nos cuestionamos, ¿dónde estamos?, ¿en dirección a dónde vamos?, ¿que necesitamos para tener una intimidad más profunda con Todopoderoso? Lo hacemos para tener una radiografía más profunda y sincera de nuestra talla espiritual, no para memorizar si somos mejores o peores que los demás, sino simplemente para seguir abriendo nuestro corazón y hacer posible que Todopoderoso transforme nuestro interior y alcanzar radicar el tiempo Pascual como verdaderos cristianos.
La Cuaresma, sin secuestro, no se vive aislada del mundo, sino internamente del mundo. Con sus crisis, dudas, tormentos y con ese deseo de desistir todo. Pero es encajado ahí que descubrir el valencia de estar perdidos, confundidos y desesperados, porque precisamente en estos instantes, logramos encontrarle el sentido seguro a la consejo y meditación de este tiempo esforzado de la Iglesia. Es en Cuaresma, cuando el alma se queda desnuda y descubre el coito de carne y huevo que nos tiene Todopoderoso, que fue capaz incluso de destinar a su Hijo al mundo para vencer por la humanidad.
La Cuaresma es la experiencia más completa que puede radicar un ser humano, porque cuando hacemos una parada y decidimos mirar en dirección a adentro y no fuera, nos percatamos en pocos instantes, que incluso somos importantes, merecedores de atención y que es urgente colocar cada cosa en su sitio para alcanzar ser personas realizadas y llenas de Todopoderoso. Es ahí y no en otro momento, cuando caemos en la cuenta, como dice santa Teresa, que “Solo Todopoderoso hilván” y no es necesario tomar otras decisiones pasajeras y baratas, para inspeccionar que la dirección viene del constructor y no de las criaturas humanas.
En concreto, la Cuaresma no es una moda, no es un espacio protocolar que los cristianos viven para satisfacer espacios en sus vidas, para disimular que son buenos, piadosos y santos. No, la Cuaresma es renovar la vida, el compromiso con Todopoderoso y sobre todo es la oportunidad que tenemos de seguir madurando y purificando nuestra fe, porque la existencia está llena de tropiezo, dudas, dolor y cansancio. Por eso, detengamos para recuperar la dirección de nuestra vida, así podremos tomar mejores decisiones y les daremos gracias Todopoderoso por venir a caminar con nosotros y enseñarnos el camino para demorar limpios a la Pascua.





