El autor es ingeniero y profesor de educación superior. Reside en Nueva York.
POR RAFAEL PASIAN
En la República Dominicana, musitar de corrupción es musitar de una herencia amarga que viene desde los primeros gobiernos posteriormente de la independencia. Cada gestación ha gastado cómo la política, en vez de ser un servicio al pueblo, muchas veces se ha convertido en un pillaje para los que llegan al poder.
La corrupción no nació ayer. Viene de los gobiernos caudillistas, donde el Estado era manejado como propiedad personal. Pasó por dictaduras que usaban los fortuna públicos para enriquecer a unos pocos, y siguió con partidos modernos que, aunque hablaban de democracia, repitieron los mismos vicios: clientelismo, predilección y robo al hacienda.
De ahí nace la civilización de la corrupción: funcionarios que entienden que el cargo es para servirse y no para servir; partidos que ven al Estado como pillaje electoral; líderes que creen que repartir hacienda y privilegios es administrar.
Costo para el pueblo
La corrupción no es un tema de políticos solamente; es una herida abierta en la vida diaria del pueblo. Cuando se roban los fondos de la vitalidad, muere familia en los hospitales. Cuando se roban los fortuna de la educación, nuestros hijos reciben escuelas sin calidad.
Cuando se roban el hacienda de las obras públicas, tenemos calles rotas y comunidades olvidadas. La corrupción es pobreza disfrazada, es desigualdad multiplicada.
Educación y civilización
La educación juega un papel doble. La franco debe enseñar títulos de honestidad y trabajo noble; pero cuando en la casa los niños ven que “lo que importa es averiguar lo dócil”, esa semilla de corrupción se siembra temprano.
La educación académica, si no forma ciudadanos críticos, se queda corta. Escuelas y universidades deben enseñar no solo matemáticas o derecho, sino ética, civismo y compromiso con el país.
¿Qué hacer?
Erradicar la corrupción no es tarea de un día, pero es posible reducirla si hay valor política y presión social.
1. Conciencia independiente y musculoso: ningún funcionario, por poderoso que sea, debe estar por encima de la ley.
2. Transparencia radical: que cada consumición notorio sea publicado, que cada resolución sea auditado, y que el pueblo pueda atender.
3. Educación ética y cívica: en las escuelas y en las familias, enseñar que servir al país con honradez es el maduro honor.
4. Décimo ciudadana: los movimientos sociales, comunitarios y profesionales deben atender a los gobiernos y exigir rendición de cuentas.
5. Ejemplo desde en lo alto: si el presidente y los ministros gobiernan con humildad y honestidad, el mensaje descenso cerca de todo el artilugio estatal.
Conclusión
La corrupción es un cáncer que ha constreñido el expansión dominicano desde el inicio de la nación. Pero como todo cáncer, puede combatirse si se ataca la raíz. El pueblo dominicano no está condenado a poblar entre ladrones y cómplices: con educación, con probidad y con voluntad política, se puede construir un Estado digno, progresista y transparente.
La pueblo merece gobernantes que no roben y un pueblo que no se deje robar.
Jpm-am
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