Cuando un liderazgo insiste con propósito, el mundo termina escuchando. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una nueva comisión internacional para desavenir a las pandillas en Haití, transformando y ampliando el esquema previo con mandato claro para “suprimir” y detener a cabecillas de pandillas, proteger infraestructura crítica y apoyar el restablecimiento del orden. Doce votos a valenza y abstenciones de Rusia, China y Pakistán sellaron una atrevimiento histórica que reconoce la alcance de la crisis haitiana y la falta de una respuesta más robusta.
Este desenlace no ocurre en el hueco. El presidente Luis Abinader ha sido consistente en exigir una alternativa internacional al desafío haitiano. En su discurso del 24 de septiembre frente a la Asamblea Normal, insistió una vez más en acrecentar la respuesta internacional, advirtiendo del impacto directo en la seguridad dominicana. No fue un aspaviento de coyuntura: fue la continuidad y la constancia de empujar al sistema multilateral a representar con responsabilidad frente a la crisis haitiana.
Hoy, esa constancia rinde frutos.
Cerca de destacar que, en el interior de esas gestiones, Abinader buscó activamente el apoyo de los miembros permanentes, incluyendo contactos y comunicaciones orientadas a Rusia y China para subrayar la emergencia de aprobar una comisión de paz y anti-pandillas más efectiva. La diplomacia es, muchas veces, un trabajo silencioso: tender puentes, persuadir y construir consensos donde hay incredulidad.
La nueva fuerza —que sustituye el despliegue keniano previo y corrige sus limitaciones— tiene un mandato original de doce meses y la comisión de recuperar espacios capturados por las bandas que hoy controlan gran parte de Puerto Príncipe y han desplazado a más de un millón de personas.
No se negociación solo de un cambio de nombre: es un brinco de escalera, capacidades y reglas de enfrentamiento que, si se implementa con seriedad, puede aclarar el camino a elecciones y a un intrascendente de gobernabilidad en el vecino país. Para la República Dominicana, significa una contención más firme del desbordamiento de violencia y una contribución tangible a nuestra seguridad doméstico.
Habrá retos: financiación suficiente, provisión, coordinación con la policía haitiana y rendición de cuentas para evitar errores del pasado. Pero la señal es inequívoca: la comunidad internacional se movió. Y detrás de ese movimiento hay una voz que nunca se cansó de repetir lo esencial: Haití necesita una alternativa internacional. Parecía una voz en el desierto; hoy, la constancia le otorgó el resultado.
Este es otro logro de la encargo del presidente Abinader en procura de la gobernabilidad en Haití y del fortalecimiento de la seguridad dominicana.
Por: Orlando Jorge Villegas
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