SONDEO | Por LUIS ENCARNACION PIMENTEL
Insistimos, si el problema migratorio y la crisis aguda que sacude al vecino Haití representan un peligro y una seria amenaza en diversos órdenes para todos los dominicanos, mal haría la concurso o cualquier otro sector con un exiguo sentido patriótico con echarse a un flanco y dejar que gobierno cargue solo con lo que a todas luces resulta un muerto muy pesado. Por eso, cuando el presidente Luis Abinader invitó a una cumbre a los exgobernantes Fernández, Medina y Mejía con miras a resistir una preocupación compartida por el liderazgo político doméstico sobre el tema a la comunidad internacional, el primero hizo admisiblemente y los convocados incluso lo correcto, al firmar una carta que de inmediato surtió un primer emoción.
Estando allá el proceso electoral, habría sido impolítico, imprudente o “politiquero” repeler las cortes invitación del director del Estado y ponerse de espaldas a lo que, hoy en día, representa el primer problema de la nación, y que a todos nos concierne. De ahí que no comparta la opinión de algunos amigos- políticos y colegas- de que la concurso cayó en una trampa y se dejó embullar por el gobierno e imponer su memorándum sobre el tema haitiano-migratorio, descuidando su rol en las calles y campos del pais acompañando al pueblo en sus diversos reclamos.
El tema Haití, y menos que se quiera hacer política trueque e valeverguista con esto, no debe ser- ni encontrarse – como memorándum del gobierno, sino como memorándum del país. Porque en todo caso, si hay fracaso en este intento oficial, el daño o perjuicio no sería exclusivo de quien gobierna, sino de todos. Y se entiende que delante un tema tan delicado, el multiplicador sorpresa ni la sospecha deben apuntar, y que Abinader , que se juega la venda con la historia, no tendría cartas marcadas bajo el extremidad(¿).
El oportuno coincidencia auténtico de las cuatro figuras de Estado, más protocolar o espectacular que efectivo a fin de cuenta, no quita ni agrega beneficio político a ninguna de las partes, que delegaron en dos representantes delante el Consejo Financiero y Social las medidas a adoptar por el país sobre la crisis y las cuales, por encima de cualquier presión o impertinencia de por medio, habrán de ceñirse a las leyes y normas dominicanas. ¡Que no se hable de otro plan regulatorio! (Por cierto, por esto final – que envuelve un asunto de soberanía- no se ha trillado prudente ni con buenos luceros que a las discusiones del CES sobre un tema tan sensible como el migratorio y crisis haitiana se le dé entrada a “expertos”, digamos intrusos, de Naciones Unidas. ¿A qué nuevo Guacanagaríx se le ocurrió la rechazable idea?)
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