EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.
Hay una señal política que la competición dominicana parece no estar leyendo con suficiente atención: el oficialismo mantiene superioridad en los sondeos de opinión aun sin poseer definido su candidatura presidencial. Ese apunte, por sí solo, debería provocar una advertencia estratégica urgente.
Las encuestas recientes dibujan un patrón consistente. Estudios divulgados en los primeros meses de 2026 colocan al Partido Revolucionario Reciente (PRM) en un rango cercano al 40 %–43 % de simpatía electoral, mientras que la Fuerza del Pueblo se mueve más o menos del 18 %–30 %, y el Partido de la Permiso Dominicana (PLD) se mantiene entre 13 % y 15 %.
Más allá de las variaciones propias de cada medición, la tendencia es clara: la marca oficialista sigue siendo la primera narración política del electorado.
Desafío

La competición, en cambio, enfrenta un desafío dispar: convertir su presencia política en una alternativa plausible de poder.
La Fuerza del Pueblo ha acabado expansión territorial y presencia en sectores importantes del electorado, pero aún trabaja en consolidar una percepción mayoritaria de viabilidad electoral.
El PLD, por su parte, continúa en una etapa de reorganización interna luego de la pérdida del poder, tratando de rehacer su novelística frente a un electorado que exige renovación.
En términos estratégicos, el problema no es exclusivamente la distancia en las encuestas. El problema es la velocidad política. Mientras el oficialismo administra su superioridad con relativa calma, la competición parece avanzar a un ritmo más cachazudo del que exige el calendario electoral.
La historia electoral dominicana muestra que las campañas no se ganan exclusivamente en los meses finales; se construyen en la acumulación progresiva de posicionamiento, ordenamiento y discurso.
Por eso el tablado presente plantea una advertencia clara: si el oficialismo logra apoyar esta superioridad antiguamente incluso de aclarar candidato, la competencia podría volverse mucho más difícil una vez que esa candidatura sea presentada y consolidada.
En política, las percepciones tempranas suelen convertirse en tendencias duraderas. Y hoy, guste o no, la percepción dominante sigue colocando al oficialismo en la delantera.
jpm-am
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