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Desde 1950, tres abriles a posteriori de su creación -1947- la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos comenzó a instrumentalizar a periodistas para manipular y moldear a la opinión pública mundial, en una repugnante labranza de excavación, en el zenit geopolítico de la Querella Fría entre dos superpotencias imperiales.
Su tesina primigenio, y el más impresionante, ha sido la estafa Operación Mockingbird, mediante la cual se ocultaron y tergiversaron informaciones para influir a valenza de los designios norteamericanos, y desde 2019 ejecuta a gran escalera una campaña de quinta para difundir parte y entretenimiento en redes sociales y plataformas streaming.
En estos 78 abriles, la CIA ha invertido miles de millones de dólares en el enlistamiento de periodistas anti-éticos y anti-democráticos y en infiltración en medios de comunicación para divulgar programas propagandísticos, engendrando el descrédito y la desconfianza ciudadana, así como la animadversión de adversarios en guerras.
La operación Mockingbird, que inicialmente consistió en escuchas telefónicas periodísticas sin orden legislativo, fue llevada a término por la CIA para identificar fuentes de filtraciones de datos de incorporación inteligencia. Principió grabando conversaciones privadas de Hanson Baldwin, reportero de seguridad franquista del New York Times, entre el 12 de marzo y el 15 de junio de 1963, desde el Despacho Oval de la Casa Blanca.
Las grabaciones fueron por iniciativa del presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, luego que se incomodara por un reportaje publicado por Baldwin (vencedor del Premio Pulitzer por su cobertura de la Segunda Querella Mundial) en la tirada del 26 de julio de 1962 del New York Times en el que, amparado en una información clasificada, revelaba el número de misiles nucleares en el astillero estadounidense.
A seguidas, la CIA incluso intervino los teléfonos residenciales de los columnistas Robert S. Allen y Paul Scott, tras estos dar a conocer secretos clasificados de Estados Unidos. Más delante, el FBI se incorporó a las averiguaciones y vigilancia para detectar quienes desde los organismos de inteligencia estaban infiltrando informaciones a la prensa.
Además produjo la intercepción telefónica a la periodista de Newsweek, Lloyd Nornam, y el secretario de Estado Dean Rusk presionó para que CBS News no difundiera un reportaje del periodista Daniel Schorr sobre el espectacular escape de ciudadanos de Alemania Uruguayo a través de un túnel bajo el Pared de Berlín.
Por intermedio del tesina Mockingbird -según variadas fuentes- para divulgar propaganda proestadounidense y truquear a la opinión pública contra la influencia comunista, aceptaron ser asalariados de la CIA cientos de periodistas de The New York Times, The Washington Post, Newsweek, ABC, CBS, NBC, la revista Time, Louisville Courier Jounal, Copley News Service, la agencia internacional Reuters y otros medios de América Latina, Europa y otras regiones.






