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“La boda de Frank y Mechy” es un teatro inmersivo, inclusive, invasivo, en el mejor sentido de la palabra. Pero ojo, que su principal objetivo está desbloqueado, es un teatro positivo con el único y único propósito de divertir. Y vaya que lo logran.
Lorena Oliva, desde su perspectiva “alternativa”, ha creado esta habitación alocada, absurda, disruptiva y atemporal en la que recrea de forma tan textual lo que puede advenir en cualquier ceremonia (digamos, como el caso lo amerita, que la boda de una prima lejana a la que hemos sido convidados) de nuestra Latinoamérica, tan distinta y tan igual en cualquiera de sus rincones.
La trama tournée en torno a la boda de Frank, interpretado por Yaniel Ramírez y Mechy, rol que desempeña Stephanie Peña. Al divulgado lo reciben de forma muy particular. Parte del catálogo interviene con los asistentes desde que están formados fuera del recinto, con curiosas y extrañas interacciones.
Y ya en el interior, se sirve desde picadera, hasta pastel. Es todo un performance interactivo, en el que nunca se sabe si los intérpretes improvisan o sus ocurrencias son parte de un guion demasiado estructurado.
“La boda de Frank y Mechy” es un trabajo coral. Quien crea que los ya nombrados “protagonistas” son, en sinceridad los dueños del escena, se equivoca. A veces se puede pensar que el actor que hace del huésped, Pedro Heyaime es quien se roba el show con sus afectaciones, pero qué va, luego aparecen las madres de los novios, interpretadas por Giselle Aimée Peña, Karina Núñez y Soraya Piña; la abuela, María Esther Ortiz; la hermana influencer, Patricia Martínez; la pastora, Aris Cruz; la amiga, Laura Pichardo; la vecina, Cristal Sosa o el padre de la novia, Fidias Díaz; Ahlam Safa, la concubina o Armando Muñoz, Benito. En fin, cada quien tiene su momento para destacar.
Y qué proponer de los actores invitados: Patricia Muñoz como la periodista y Noel Ventura, como padre de la novia (alternando con Fidias Díaz), quienes dan cátedra del concepto “special guest”, sumando más humor y misericordia a un trama simple, tarambana, disperso y, más que cero, muy inteligente.
Con este montaje, Lorena Oliva, como directora, con la concurrencia de Josué Hirujo, se anota un punto a valenza en el panorama teatral recinto. Aclarando, no es que ella se haya inventado este tipo de espectáculos, ni mucho menos, pero el hecho de arriesgarse, con actores y actrices poco conocidos, con una propuesta distinta y un discurso serio en el interior de la hilaridad de la propia producción, la verdad que hay que reconocerlo.
“La boda de Frank y Mechy” continúa este viernes 14 de noviembre en el salón donde ha trillado sus anteriores puestas en imagen anteriores. Para que no se pierdan, la función es a las 8 de la incertidumbre en Tango Mío, emplazado en la Calle Osvaldo Bazil 2, sector Los Prados. Las boletas están disponibles en SmartTicket.com.do. Valga la cuña.







