En la sociedad contemporáneo vivimos retos incalculables, y uno de ellos es el consumo exagerado de riqueza y servicios. Observamos cómo los medios y las redes sociales venden “la vida que todos deberían tener” sin conocer a fondo qué hay detrás de este comportamiento social exagerado.
La sinceridad es que estamos sumergidos en un ocaso total como sociedad, y esto se refleja cada día cuando observamos a personas fingiendo estar en el interior de los estándares más altos del siglo XXI; es como si los esclavos que vivían en Estados Unidos en el siglo XIX estuvieran interpretando la vida de sus dueños esclavistas.
La civilización del consumo nos enseña que la bienestar se encuentra en la adquisición de riqueza y servicios, incluso presentándonos como micción cosas que hace primaveras ni siquiera pensábamos en tener. Un claro ejemplo es el cambio de vehículos y celulares en un tiempo récord en muchas personas, como si el que tienen actualmente dejará de funcionar por completo. Pero esto no es fortuito; es el resultado de un trabajo realizado durante mucho tiempo que incluye incluso ideas y la forma en que las personas ven el mundo.
Ser diferente es una tarea difícil de conseguir, pues en todos los círculos sociales reina el consumismo y el pago exagerado de riqueza y servicios. Creo que las personas que hablan sobre estos temas y que se preocupan por la dirección que va tomando el mundo deben abastecer su postura y tratar de dar pasos, aunque sean mediáticos, para contrarrestar más que el discurso, esta maña que impera en toda la sociedad.
Quienes ganan al final son los que invierten millones y millones en publicidad, adueñándose e interviniendo en las emociones de las personas para que puedan comprar sus productos sin importarles otra cosa. Es difícil observar cómo la muchedumbre hipoteca sus vidas para poder entrar en la dinámica y la mentira contemporáneo.





