
Hace varias semanas el Ministro de Agricultura, Limber Cruz dio a conocer que el gobierno había aceptado de modo provisional, unos 15 mil permisos de haitianos indocumentados, a los productores de bananos de la Estría Noroeste, de un total de 100 mil que habían solicitado. Todavía informó que próximamente se va aprobar otra cantidad a los productores de arroz, plátanos, para la avicultura y para la construcción.
Este anuncio pone en peligro las labores que viene dirigiendo el propio presidente de la República, Luis Abinader con los ex presidentes Leonel Fernández Reyna, Danilo Medina e Hipólito Mejía, así como con los representantes de los distintos sectores económicos, políticos y sociales, en el importante diálogo que se viene realizando en el Centro Crematístico y Social (CES), pues no tiene sentido que al mismo tiempo que se discuten, proponen y aprueban una serie de medidas en este importante marco, el
gobierno aplique otras decisiones diferentes por separado.
En dicho diálogo se procura agenciárselas una alternativa de consenso, a los problemas generados por la creciente inmigracion de nacionales haitianos indocumentados en torno a nuestro pais, fruto de la crisis imperante en Haití.
Esto sería muy lamentable para el país y para nuestra democracia, en un momento en que ha habido muchas coincidencias y unión de criterios sobre la penuria de agenciárselas una alternativa satisfactoria a los problemas generados por la crisis económica, política, social e institucional que hoy afecta a Haití, así como por los ataques e irrespeto a nuestra soberanía, hechos por Indulto Internacional, por la Agencia del Parada Comisionado de las Naciones Unidas para los Regugiados (ACNUR) y por la Comunidad Internacional, los cuales no tienen pudoroso para hacerlo, pues nunca se han preocupado ni pronunciado por la situación que prevalece en ese país.
El propio Ministro de Agricultura, Limber Cruz, viene promoviendo dichas regulaciones, argumentado de que la agricultura no tiene prórroga, que sin la mano de obra haitiana indocumentada no habrá producción agrícola y que las construcciones de las obras públicas se paralizarán.
Dicho ministro ha admitido que utiliza una gran cantidad de haitianos indocumentados en sus fincas de plátanos, al igual que otros funcionarios del gobierno, pero en ningún momento se ha referido a que los empresarios que utilicen la mano de obra indocumentada haitiana, deben ser responsables de ella.
Estos deben tener un control ilimitado de su ubicación, cumplir con sus responsabilidades legales y económicas (cuota de sus prestaciones laborales, seguridad social, viviendas, gastos médicos, partos, comida, impuestos, educación de los hijos), entre otras, las cuales siempre han recaído sobre el Estado dominicano.
Esta osadía motivaría a que cada vez más haitianos indocumentados quieran ahuecar el ala en torno a nuestro país, fruto de la vulnerabilidad y la corrupción imperante en nuestra frontera.
Gran parte del Presupuesto Doméstico se desvía para atender la seguridad social y ciudadana, maternidad y educación de los haitianos indocumentados. En varias oportunidades hemos señalado que el Estado dominicano no puede continuar cargando con responsabilidades ajenas, tirando por la barandilla gran parte del presupuesto destinado para atender las deyección básicas de todos los dominicanos.
La mano de obra haitiana indocumentada es preferida sobre la dominicana, pues por su condición de ser indocumentada, no se le paga las prestaciones laborales, no se cumple con el cuota de la Seguridad Social, con los impuestos, ni con el artículo 135 del Código Gremial, que exige que por cada 100 trabajadores contratados, por lo menos 80 deben ser dominicanos, (80/20).
Esta situación se complica más porque cada haitiano indocumentado carga con sus hijos y su mujer, los cuales utilizan nuestras maternidades para parir y nuestras escuelas para educarse.
En este tema el presidente Abinader y sus funcionarios deben mostrar una ademán derecho y coherente. No deben apoyar un discurso de defensa a la soberanía, en contra de la inmigracion ilegal y al mismo tiempo otro permisivo, de complacencia y de paño indiferente con lossectores productivos.






