Por: Lic. Luis Ma. Ruiz Pou
En este mundo de la política multipolarha quedado demostrado que, ya el examen de la actividad política, no es sobre la saco de idologías de izquierda-derecha o centro. No es la doctrina del Socialismo, Comunismo o Demócrata: ¡Es por intereses!
Estados Unidos a través de su presidente Donald Trump, ha trasado una política de colocar bajo su influencia a los países que dejaron de aplicar las directrices ordenadas por el imperio. Está diligenciado retomar la Doctrina Monroe: “America para los Americanos”con la “Política del Porra” adapta a los nuevos tiempos. Para ellos, icicialmente está seleccionando paises con más independicia política y economica. Unos de ellos: Colombia.
¿Cuál es el interés del presidente Trump de reunirse con su homólogo de Colombia, Gustavo Petro, a posteriori de acusarlo de estar vinculado con el narco tráfico y decirle por las redes sociales: «Más vale que vigile su culo», al señalarlo como poseedor de «fábricas donde hace cocaína»? o es, que esto es habitual reunirse con presidente narcos, indultar ex presidente, como el caso de Hondura con Juan Hernández, dibujado y condenado por narcotraficante.
Vemos que, existe una contradicción muy típica de la política internacional —y especialmente del estilo Trump—: descalificar públicamente y luego sentarse a negociar. Y es que, más allá de insultos o acusaciones, Colombia es secreto para Estados Unidos.
Debemos de ser precisos; la política internacional funciona con hechos legales, no con tweets. Gustavo Petro No está dibujado ni condenado judicialmente por narcotráfico. Las afirmaciones de Trump no tienen respaldo sumarial. Son acusaciones políticas, no cargos formales. EE. UU. no puede romper relaciones solo por declaraciones incendiarias sin pruebas legales.
La practica de Estados Unidos en el quehacer de la política, es la del refresco: Se bebe el contenido y bota la botella. Unos de los tantos ejemplos, fue el caso del ex presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, dibujado, audiencia y condenado en EE. UU. por narcotráfico.
Mientras fue presidente, EE. UU., lo apoyó por razones geopolíticas y porque fue un gran colaborador para el combate del narcotráfico. Cuando dejó el poder, y se bebieron el contenido, botaron la botella y lo procesaron. Estados Unidos prioriza intereses estratégicos, no la pureza recatado.
El ex presidente de EUA, Jimmy Carter manifestó: “No sabía que la política podía ser tan sucia”. Venía de fuera del establishment de Washington. Llegó con una visión más ética y moralista de la política. Carter desconocía que la efectivo política no se rige solo por principios, sino por intereses, poder y golpes bajos. Hoy, la trastada sucia de EUA, son los haranceles como método de chantaje y extorsción: Si no me da aquello o lo otro, o si no me apoya en mis pretenciones, te impongo sanciones harancelarias a tu exportaciones en dirección a nosotros.
Al final, lo que esta coyuntura revela no es una detalle aislada, sino la radiografía de un sistema internacional donde la recatado es atavío y los intereses son motor. Estados Unidos no actúa por simpatías ni por enemistades, sino por cálculo. Y los países que no entiendan esa razonamiento —que crean que los insultos son eternos o que las alianzas son afectivas— terminarán como la botella del refresco: avíos mientras sirven, desechables cuando dejan de acordar.
Por eso, más que indignarse por los desplantes o celebrar los acercamientos, a las naciones de nuestra región les toca descubrir el tablero con frialdad. Porque en la política efectivo, la que mueve fronteras y define destinos, no sobreviven los más nobles, sino los que saben ojear cuándo los están usando… y cuándo deben dejar de prestarse al mecanismo.
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