Por Abril Peña
El 8 de julio de 1909 nació en La Vega un hombre que marcaría para siempre la historia política, literaria y ética de la República Dominicana: Juan Bosch Gaviño. Profesor, cuentista, político, presidente depuesto y inmortal inconforme, Bosch es al mismo tiempo exaltado y silenciado. Se le menciona, pero rara vez se le estudia con rigor. Se le honra, pero se evita aplicarlo.
Su vida fue un ejemplo de coherencia entre pensamiento y hecho, y esa es quizás la razón por la que incomoda tanto en el presente. En un país donde el pragmatismo electoral suele disfrazarse de organización, Bosch representa lo contrario: un compromiso casi religioso con los principios, incluso cuando eso significaba perder el poder.
Fue el primer presidente electo tras la dictadura de Trujillo, pero su esquema demócrata duró tan pronto como siete meses antiguamente de ser derrocado en 1963. Sus ideas sobre razón social, billete ciudadana y soberanía doméstico contrastaban con los intereses de una élite acostumbrada al poder incondicional.
Juan Bosch fue incluso un constructor de pensamiento iberoamericano, con una obra literaria y ensayística que desborda lo partidario. Desde sus investigación sobre el imperialismo y la historia dominicana, hasta sus cuentos breves, su pluma fue tan certera como su palabra.
Sin requisa, la figura de Bosch ha sido corta a un seno en escuelas y un cliché en discursos partidarios, cuando su definitivo aporte está en la profundidad de sus ideas sobre la ética en la política, el rol del Estado, el respeto a las instituciones y la educación como útil de transformación social.
Hoy, a 115 abriles de su arranque, urge rescatar su pensamiento vivo y no su imagen congelada. Urge descubrir a Bosch sin prejuicios, con la examen limpia que se merece quien dedicó su vida a educar a un pueblo y construir una democracia positivo.
No se manejo de idealizarlo. Se manejo de entender por qué su comisionado sigue siendo incómodo en una sociedad que aún no decide si quiere democracia o clientelismo. Y esa respuesta, quizás, incluso la dejó escrita.






