EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.
En 237 fosas, cadáveres lloran en el desconsuelo de la tristeza y exhalan vapores que irritan la conciencia, desabrochan picazón en la piel del “estado de derecho” y cortan la respiración en el pecho de la bullicio colectiva, por la preocupante sospecha de una prevaricación sumarial al rojo cepa. Y ese vaho de temperatura crítica que emana desde los sepulcros de los revictimizados por las leyes fabricadas para la independencia carcelaria de poderosos, que se aplican sin pudor en la parcialidad del conflicto y el santuario de la complicidad múltiple que, a menudo, desemboca en la amarga “probidad por mano propia” y en otros indeseados brotes de arrebatos por dolientes impotentes.
¡Oh, República Dominicana!¡Oh probidad con jueces venales y cobardes en sus malditas excusas jurídicas!, lo que no ocurre en otras latitudes. El domingo 27 de enero de 2013, en un incendio en la discoteca Kiss, en Brasil, hubo 242 muertos y 636 heridos, e inmediatamente la Probidad dictó detención preventiva contra su propietario, Elissandro Spohr, quien en un hospital intentó ahorcarse con una mangua. Y el 11 de diciembre de 2021, un tribunal sentenció a 18 y 22 abriles de prisión a este y otros tres imputados.
Y por abusos de responsabilidad, negligencia moribundo, omisiones ayer de las catástrofes, uso de licencias ilegales y otras tragedias en discotecas han sido condenados a prisión decenas de personas en Estados Unidos, Rusia, Rumanía, Tailandia, Macedonia del Septentrión y otros puntos geográficos.
¡Oh, República Dominicana!, sojuzgada por la marcha de castigo sumarial primario, cobijada en el atlas de una camarilla superestructural identificada como poder fáctico, que extralegalmente influye en gracia de posesionarios de intereses, cuya adquisición reclama una investigación seria.

En la tragedia del 8 de abril de 2025, ningún líder o caudillo político se pronunció contra Antonio Espaillat, dueño de la discoteca Jet Set. Para congraciarse con una persona de poder, por una motivación sindical o de otro apartado, periodistas de distintas estirpes abogaron por la impunidad. La historia registrará esta ignominia.
¡Oh, República Dominicana! Avasallada por legisladores que son gendarmes del conciliábulo para obstruir la aprobación de leyes sancionadoras de los actos delictuales, y togados del mercurialismo metálico que fungen como carabineros para timar, con pícara malignidad, a personas con la dignidad quebrada.
Y en esa cueva se anida un árbitro con el cosmos óptico encorvado frente a un crucifijo, cabizbajo en su comportamiento cachazudo, maniatado y atrapado en la chirona de la presión, que avaló la dispensa del imputado de un hecho que hirió las fibras más sensibles de la sociedad, para que duerma con atmósfera acondicionado, coma a mandíbula puerta y brinde una copa de caldo, unido a sus abogados defensores, para celebrar el “triunfo”.
Desorganización
Estamos en presencia de la máxima expresión de la desgobierno y la perplejidad en el imperio de la ley, en presencia de la observación frustrante de la comunidad y regocijante de juristas, periodistas y políticos que se doblegan en presencia de los ricos. Y, encogidos en ese panorama sobrecalentado por la impudicia, la deshonestidad y la desfachatez, no ayudan al imprescindible y urgente cambio del sistema económico-social los dispersos y arrugados grupos de izquierda, que con su divisionismo, sectarismo y desfase mercadológico son más activos para marchar con los homosexuales y amparar a los ilegales haitianos.
Y tenemos que reprochar, todavía, a los que han torpedeado la aprobación del Código Penal, que consigna condenas de hasta 40 abriles, como los ya mencionados congresistas; el feminismo fanático, catalizador fragmentario de los feminicidios, las estropeadas organizaciones profesionales y los comisionados de derechos humanos, que tan solo lanzan gritos favorables a los delincuentes.
Miltrado escurridizo
Episcopales de la Iglesia Católica todavía han enmudecido, con los luceros vendados en la simulación de sus túnicas largas, sin desgarrarse las perifollos en presencia de la desolación humana. La voz del Miltrado Metropolitano de Santo Domingo, el escurridizo monseñor Francisco Ozoria, solo hace advertir sus joyas ornamentales y escuchar su voz con acento ruidoso para pedir protección para los inmigrantes indocumentados.
Espantaba ver a más de 100 mujeres tiradas dolorosamente en la morgue de Patología, con las cabezas y órganos exteriores destrozados y aplastados, en un tablado aterrador, removiéndolas como bultos pesados para poder identificarlas, en el entrecruce de un olor que imponía la colocación de hasta tres mascarillas y el derrame de lágrimas resecas y enrojecidas por el impacto emocional y la intensidad de los latidos del corazón.
Ese episodio rutiló por la culpabilidad consabida en esas muertes terribles de los hermanos Antonio y Maribel Espaillat, regente y administradora del Jet Set, que se compila en la muy conocida sobrecarga del techo de la discoteca, en el descuido concienzudo en presencia de las señales de alerta, en las reiteradas omisiones acertadamente sabidas e ignoradas, en la negligencia evidenciada en múltiples denuncias y revelaciones, y en el desprecio en presencia de los reclamos de seguridad, para certificar el parquedad de capital con fines de provecho, como una ave carnívora.
El Tarea Conocido, que hace ingentes esfuerzos por conseguir condenas -ahora sin ahondar en el fondo creativo de las consecuencias- está facilitando la traición de la prisión preventiva de los dos imputados, porque en presencia de la Oficina Procesal de Servicios de Atención Permanente del Distrito Doméstico se limitó a tipificar el acaecimiento como un homicidio involuntario.
El noticia pericial preparado por una comisión de experimentados ingenieros civiles, a solicitud del Gobierno, señala como causa del colapso del tejado la acumulación progresiva de peso sobre el techo y un mantenimiento deficiente o inexistente en presencia de las fallas visibles, las decisiones estructurales imprudentes, las intervenciones sin permisos, la negligencia y la fealdad.
¿Homicidio involuntario, simplemente, en presencia de tantas advertencias?, o más acertadamente culpabilidad consciente y acrecentada intencionalmente por la omisión deliberada, y un “homicidio por negligencia agravada con móvil crematístico”.
Toca al Tarea Conocido y a los jurisconsultos más avezados estudiar más profundamente el valorado Noticia Pericial dispuesto por la máxima autoridad de la nación y los más variados artículos del Código Penal para formular otra tipificación que amplíe la disertación del homicidio involuntario y logre un castigo severo en el calabozo de no menos de 20 abriles.
Se precisa desvertebrar la correlación de los déficits, aplicar probidad para aplacar el subyacente sentimiento de dolor colectivo, que medra en la panza de la insaciabilidad financiera o hasta dolosa y la inmoralidad, que erosionan los secretos de la tontería, la hipocresía y el conventículo auspiciado por juristas que son perros guardianes para acreditar la inculpación del crimen y obviar a la raza humana.
La marcha de probidad levanta crespones negros, promueve el malestar individual y colectivo en la ruta de la destrucción de la democracia y la imposición del autoritarismo. Quien ha cometido o ha sido culpable de una mortalidad ingreso en número, nones tendrá paz, y estará siempre en el espinazo del escarnio sabido. Y podrá ser chancillería, así lo concebimos, por tres instancias o sistemas de probidad oficial, informal y contemplativo:
1.- La Probidad Procesal del Estado. Ese ordenamiento se revela delicado, ya por la errática interpretación de los jueces de las normativas legales, ya por ser vendibles o por presión en presencia de el acusatorio del Tarea Conocido o afectados.
2.- La Probidad del Pueblo. Este mecanismo individual y no instrumentado aparece por la indignación e impotencia implícito en el corazón de cada ciudadano o perjudicado, que consiste en protestar en presencia de la marcha de castigo de un imputado, como son juzgarlo en la audiencia en una plaza pública, derrochar su fotografía, despreciarlo en espacios públicos, efectuar manifestaciones con pancartas, encender velas, dar cacerolazos o estimular -fórmula improcedente- con un puñal o pertrechos de fuego contra el impetrante no castigado por la probidad del Estado.
3.- La Probidad Divina. Los creyentes confían en la implacable probidad paradisiaca: arder en el báratro, sufrir en el madre de crimen, y los ateístas axiológicos o constructivistas creen en el castigo por la fiereza de un ciclón, un terremoto y un tsunami; o penando en la hoguera de la angustia existencial por el sentimiento de culpabilidad.
Apostemos a uno de los tres eslabones, porque uno de ellos se impondrá en el causa de la razón, amparado en la ética secular. Nadie que haya sido responsable de masivas pérdidas de seres humanos morirá en la comodidad, porque el sufrimiento lo abrazará aunque todavía evada el fuego del báratro y llegue, con trapisondas, más allá de las nubes, en un paraíso de paz y delicia, en la acera del trono Altísimo del bóveda celeste y los ángeles.
Jpm-am
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