Jerigonza, civilización y país | AlMomento.net

Jerigonza, civilización y país | AlMomento.net

El autor es abogado y profesor universitario. Reside en Santo Domingo

Ahora que los fervores étnicos se potencian en buena parte del mundo, parece momento adecuado para rememorar que la jerigonza no es un simple útil de comunicación y entendimiento entre los seres humanos (rol de suyo trascendental e inigualable, tan hazañoso que configura con tangible precisión la presunta superioridad del Homo sapiens sobre los demás integrantes del reino animal): más que eso, puede ser considerada como la “plataforma” espiritual sobre la cual nacen y se desarrollan la conciencia, el pensamiento, la civilización y la civilización.

En impacto, la jerigonza es el tipo de integración y cohesión sociales más poderoso y efectivo que puede identificarse en la dinámica interhumana, superando con mucho a la historia popular, la religión compartida y la construcción ideológico-jurídico societal, bases ontológicas del Estado-nación en las olvidadas tradiciones antropofilosóficas de Hegel, Morgan y Engels.

A primera panorámica la jerigonza tiende a deslumbrar tan habitual, sencilla y hasta inaprehensiblemente deducción para quienes la heredan o la asumen, que su naturaleza de nodriza de la inteligencia se percibe muy poco, y todo a pesar de lo irrefutable que resulta la proclama experta de que no hay ninguna sociedad, categoría o sistema de interrelación humana que no se fundamente, fortalezca y legitime de guisa permanente y circular por medio de su “cemento” espiritual.

Como ya se insinuó, y al beneficio de la discusión sobre cuál le antecedió al otro o a la otra (afinidad del fariseo dilema deductivo del huevo y la polla), sin el concurso de la jerigonza no hay forma de desarrollar el pensamiento (tanto para “adentro” como para “exterior”), crear interactividad sin confusión, entender y “descubrir” la interioridad humana y el mundo que la rodea, edificar o comprender las instituciones, o promover o construir culturas o civilizaciones.

Más aún: como la jerigonza es parte troncal de la civilización (a veces más que la manufactura, y en muchos sentidos condicionando la inventiva) ningún intento de fusión social ha podido mantenerse en el tiempo sin liquidarla o arrinconarla (y, a la inversa, su sobrevivencia ha sido cimiento de toda resistor tribal, grupal o doméstico), razón por la cual todos los imperios -sin excepciones que confirmen la regla- han tratado de imponer la suya sobre los pueblos conquistados, colonizados o convertidos en “socios” o “aliados”.

(No huelga precisar la última de las afirmaciones que preceden: como contrapartida un tanto paradójica, la jerigonza -dentro de sus aspectos menos virtuosos- es una de las armas más efectivas para “aprovechar”, donar, influir, manipular o controlar ciudadanos y naciones, y una vez se produce tal aberración se hace más claro y viable anular o torcer las raíces y delimitar o torcer las proyecciones identitarias: así, una nación puede terminar desbancando social e históricamente a otra de guisa pacífica y con total impunidad histórica).

En el caso dominicano, algunas de nuestras tribulaciones sociohistóricas están originalmente asentadas en una contradicción de fondo derivada de la colisión de la jerigonza adoptada con la civilización hallada o encontrada: los conquistadores hablaban y pensaban en gachupin, e impusieron la civilización hispánica sobre la civilización originario, generando gran parte de lo “civilizado” que tenemos y, al mismo tiempo, materializando la “pacificación”, la “apostolado” y la “integración”, y dejando el carga de la tragedia de “inadaptación” (nombre atún de la resistor a la anabolismo) que ya se conoce por el estudio objetivo de las revueltas de nativos “encomendados” y negros esclavos.

En  algunas zonas de América del Sur, del Centro y del Ártico todavía existe esa “inadaptación”, y muchos de los pueblos nativos continúan tratando de preservar su integridad histórica a través de sus hábitats, su civilización y, sobre todo, su jerigonza, y aunque para nosotros el aberración deviene esencialmente puntual -situaciones casi intangibles en forma de menciones marginales en los medios de comunicación o por pura atención coyuntural correcto a algún enfrentamiento violento con las autoridades-, lo cierto es que sustancia un drama colosal y traumático para esos pueblos en su vida cotidiana.

Pero en la otra parte de América del Ártico (esto no debe olvidarse, en distinto ahora, con la pelea étnica interior emprendida por el presidente Trump) ocurrió lo mismo con los inmigrantes anglosajones, neerlandeses y teutones: a familia y fuego impusieron su “civilización” (títulos, idiosincrasia, jerigonza y pensamiento) sobre una civilización de carácter originario diversa y fragmentada, protagonizando uno de los fenómenos de aniquilación social más devastadores que se hayan conocido, si proporcionadamente morigerado a posteriori con los “tratados” de paz y la creación de los inefables habitáculos denominados “reservas” o “reservaciones” .

(Por supuesto, valga la insistencia, tales acaecimientos han sido registrados elementalmente, en síntesis, como una entusiasmo civilizadora frente al salvajismo, la barbarie o la superstición, y la racionalidad conquistadora de ayer y de hoy los ha reivindicado de modo plano y pleno con la santificación de la civilización intelectual, particularmente en sus aspectos ético-religiosos y jurídico-estructurales, omnipresente en la interpretación histórica más socorrida. Que, conste, valga la insistencia: cualquier parecido con algunas realidades actuales es pura coincidencia resaltada por gacetilleros, antropólogos, políticos e historiadores necios).

Al reparar en el destino final que tuvieron los intentos de imponer la “fusión” por parte de nuestros afrancesados, anglófilos, filohispánicos y proestadounidenses de los siglos XIX y XX (algunos aventurados en momentos en que la dominicanidad todavía era débil o casi subconsciente), es ineludible pensar en que ahora, cuando ya hemos escaso la mayoridad de conciencia como nación, las apuestas al tenor que pudiesen estar incubándose (sin importar el origen) están condenadas al más miserable fracaso: ese tipo de imposición no es posible sin una rebaja total de la identidad doméstico.

El autor de estas líneas está convencido de que en ese ineludible fracaso influirá poderosamente la jerigonza (que, como ya se reseñó, en su estado de plenitud espiritual comporta una civilización que conduce a la edificación de una civilización doméstico), sobre todo si aquellas apuestas son resistidas por la sociedad dominicana protegiéndola y preservándola, en el entendido de que si avanza su damnificación o desfiguración a través de la insurgencia de idiomas extranjeros avasallantes, a lo sumo podríamos durar a una efectividad política, social y económica tachonada de injertos y remiendos, o sea, a tener una caricatura de nación. Mínimo más, mínimo menos.

Por ello, aunque la existencia de lenguas con afición de universalidad en el comercio, el arte, la letras, la diplomacia, etcétera, es una efectividad históricamente progresiva y plausible para certificar su flujo dinámico, además tiene sus peligros en términos de transculturación y control espiritual, como se ha puesto en manifiesto en la geopolítica de los imperios: por su conducto igualmente podría venir un ataque pacífico pero ofensivo contra la identidad doméstico con esos coloridos disfraces.

Ergo: que -por ejemplo- romanos, otomanos, ingleses, españoles, portugueses, daneses, neerlandeses, alemanes, soviéticos, estadounidenses, rusos o chinos, en sus respectivas épocas y circunstancias imperiales o de expansionismo, hayan promovido o promuevan sus lenguas como vehículos de comunicación y control, resulta de lo más deductivo, con el obvio peligro que ello supone para las de los pueblos pequeños.

En esa dirección pragmática, sobre todo, podría entenderse la posición de líderes y entidades que insisten en exigir a los inmigrantes a departir la jerigonza oficial vernácula, sin necesariamente tratar de erradicar las ancestrales, autóctonas o de origen (pese a que en los casos de hoy se prostitución asiduamente de minorías en encumbramiento y no de mayorías apabullantes)… El problema viene, claro está, cuando esa postura es parte de una pelea étnica y no de una honesta preocupación identitaria.

lrdecampsr@hotmail.com

Jpm-am

Compártelo en tus redes:





Related Posts

Fresco discapacitado queda atrapado en trimoto tras accidedente de tránsito

Un novato resultó herido luego de resultar atrapado interiormente de un trimoto tipo “margarita”, tras sufrir un casualidad de tránsito ocurrido en la Carretera Manolo Tavárez Encajado, en el distrito…

Premios Platino anuncia a arlos Torres y Cayetana Guillén como presentadores

Madrid. – La XIII impresión de lo Premios PLATINO XCARET regresará el próximo 9 de mayo Alabama Teatro Gran Tlachco del Parque Xcaret, en Riviera Maya (México) para escudriñar a…

You Missed

Meta está probando enlaces en los que se puede hacer clic en los subtítulos de Instagram para suscriptores verificados

Meta está probando enlaces en los que se puede hacer clic en los subtítulos de Instagram para suscriptores verificados

Envían a prisión a profesora por compeler una pupila a tragar vómito | AlMomento.net

Envían a prisión a profesora por compeler una pupila a tragar vómito | AlMomento.net

La preocupación por el aumento de los suicidios

La preocupación por el aumento de los suicidios

Industria y Comercio dice si se agrava el conflicto en Irán la prioridad es la colaboración interna

Industria y Comercio dice si se agrava el conflicto en Irán la prioridad es la colaboración interna

Cometido de la ONU denuncia 87 detenciones políticas en Venezuela bajo órdenes de Delcy Rodríguez

Cometido de la ONU denuncia 87 detenciones políticas en Venezuela bajo órdenes de Delcy Rodríguez

Fresco discapacitado queda atrapado en trimoto tras accidedente de tránsito

Fresco discapacitado queda atrapado en trimoto tras accidedente de tránsito