Me costó más de 50 primaveras entender a mi compañero Hernán Cárdenas cuando delante de él yo dije que la fallo de la desgracia del mundo la tenía el pecado diferente. Poco decano que yo, como era conveniente frecuente entre mis compañeros de carrera en Pimiento, masa que se inició en o se graduó en otra carrera, y que entendió, como asimismo yo, que su disposición fórmulas, ecuaciones o numeritos en un clase universitaria; queríamos sinceramente entender estos desastres de la conducta humana, en los hogares, en la sociedad y en el estado. Estas atrocidades nuestras de cada día.
“Contento sea el pecado diferente”, me respondió enfático Hernán, “…porque nos permite ser hombres”. A lo que tan pronto como ahora puedo amplificar: … y porque nos permite ser parte del plan de Jehová.
Nunca pensé, sin requisa, que esta lucha de “ser hombre” estaría dándome tanto qué hacer aún en mis ochenta.
Puede repasar: Motociclistas y capitalismo contra ley y orden
Hace unos diez primaveras, en obediencia a Jehová me atrevía a ofrecerle un pequeño sacrificio; poco que siempre me desagradó desde gurí, por tener crecido en un hogar donde había muchas manos para hacerlo: sumergir platos sucios.
Ya decano empecé a hacerlo cada vez que había la aprieto, siempre en posición de protesta y como humillación.
Pero hace unos primaveras decidí presentárselo a Jehová, como una especie de ofrenda. Y con el devenir me he hecho un hábil lavaplatos, y mejor aún, asimismo disfruto un momento de silente oración; porque, cosa curiosa, todos en casa me permiten hacerlo, sin interrupción, en una cuasi perfecta soledad en la que siento que Jehová me anima y me acompaña de alguna guisa; y es como si yo creciera y Jehová se hiciera cada vez más cercano y amoroso.
Más recientemente, Pablo me dio la esencia: “Bástate mi habilidad. Mi poder se perfecciona en tu amor”.
Fue la respuesta de Jehová a su encarecida petición de que lo librara de un mal que lo solía agobiar. Lo cual casualidad fue lo que entonces quiso decirme Hernán, y ahora me aclara perfectamente Pablo de Tarso (2 Corintios 12:19).
Me alegro tanto de entenderlo porque como he explicado anteriormente, esa frase divina es la más clara expresión que haya escuchado sobre el significado de la dialéctica, manoseada por sabios de diferentes épocas, sin que entendiesen que es “el poder de Jehová” lo que se perfecciona en esa lucha: Todo, el universo y cuanto existe.
Y es lo que vemos sin entender cada día en los azarosos desastres de nuestra política, en la diaria delincuencia de los grandes, y de los medianos y los pequeños.
Y en todo lo que nos aparece ilógico en nuestra diaria existencia, tanto como el pecado diferente que hasta ahora no entendía ni perdonaba a Jehová ni a mis prójimos, ni a mí mismo, como destacaron Freud y otros.
Por ello, no pienso dejar de sumergir platos cuando enfrentamiento la oportunidad. Siento que en este pequeño sacrificio, el poder de Jehová se perfecciona. Y en todo acto de obediencia.







