EL AUTOR es comediante plástico dominicano residente en West Palm Beach.
«El mérito es de la verdad, no de quien la dice». José Martí
Opinar, constantemente, que la aparición de los europeos a América fue un descubrimiento, posiblemente lo sea bajo el contexto de ellos; sin confiscación, no se puede descubrir lo que ya ha sido descubierto…
Cuando Cristóbal Colón llega por estos lares, se hace «fiador» de «descubrir» un oficio que ya estaba habitado, de hacia lo alto a debajo. No existía un rincón de este continente yanqui, incluyendo las islas más desoladas y las selvas más tupidas, en donde la mano humana no estuviera.
Que el otro costado del mundo no lo supiera es una cosa, pero atraer constantemente «descubrimiento» a este «acontecimiento», que de hecho así debería llamarse, es tergiversar la verdad, como admisiblemente engalana la frase de Martí al principio de este palpitación.
Los europeos, bueno, no todos, digamos, los que pudieron, al ser informados de las «nuevas tierras», tan viejas como ellos, se lanzaron en una de las más brutales hazañas de exterminio, que aún no reconoce la humanidad, con tal de «quitar» lo que ya era de cualquiera.
No fue un descubrimiento, fue una invasión de depredadores angurrientos con «deshonestidad de matar». Una «garata con puño», como decíamos de niños al tropel de apoderarnos por la fuerza de los dulces, las canicas o lo que estuviera en el demarcación.

Una piñata inmensa que nuestros antepasados se tomaron por la fuerza y que, paradójicamente, nosotros, los que llevamos sus apellidos, nos «desembarazamos» sin devolver a sus «reales dueños» todo lo usurpado.
Un asunto sumamente complicado, ya que estamos tan mezclados, que tenemos «al indio», otra desvío de la historia, al adverso y al blanco palpitando en nuestra familia. Somos los asesinos de nosotros mismos. Por decirlo de alguna modo. Los ladrones de nuestra casa…
No podemos señalar a los europeos porque nos estaríamos señalando a nosotros mismos. El tiempo se ha encargado de fundir a opresores y oprimidos en una sola cosa. Y aquellos, que se han mantenido «de pura familia», es sostener, que nunca se han mezclado con «otra raza», sí son los descendientes de los invadidos.
Pero remover ese asunto sería caer en el problema infinito de judíos y palestinos. O, peor aún, llegaríamos hasta «Desaliñado y Eva» y su inmediata descendencia y sus primeras divisiones en tribus y más delante naciones…
Terminaríamos por «descubrir» que nos «descubrimos a nosotros mismos» y que «nos invadimos y matamos, igualmente a nosotros»… Estoy usando «el mérito de la verdad del asunto»… Si usted «ya se perdió», le recomiendo que llame a Colón o que se declare miembro de las diez tribus perdidas de Israel, deportadas por el reino de Asiria por el año 722 antaño de Cristo…
Los polimorfismos genéticos, que forman tan solo el 0.1 por ciento del 99.9 que todos los seres humanos compartimos, incluidos los «descubridores y descubridos», son los que generan la desemejanza de piel, tamaños, fanales y demás características que nos hacen «resplandecer distintos» a otros.
Bueno, como este asunto «se fue» por otro costado, dejémoslo aquí y concluyamos que América no fue descubierta, sino invadida por «tribus perdidas» que estaban tan perdidas como las tribus «que descubrieron» y como usted y yo, que igualmente solemos perdernos en estos latidos… ¡Salubridad! Pequeño descubierto.
Jpm-am
Compártelo en tus redes:






