La intolerancia no tiene espacios en el mundo civilizado. Parece irónico, pero el siglo 21 exhibe modalidades extremas conveniente a la incapacidad para respetar al que piensa diferente. Antaño, creíamos que la dosis de radicalismo obedecía a factores ideológicos o religiosos. Y lo cierto es que lo derrumbado por el fin de las discrepancias doctrinarias, equivocadamente calificado por Francis Fukuyama como fin de la historia, encontró modalidades espantosas y reacciones sangrientas, estimuladas por líderes sin contenido, con enorme disposición de inyectar conceptos incendiarios en sus seguidores.
Detrás de cada entusiasmo violenta que asesina o hiere, anda el impulso de incomprensiones agitadas con un dispar de voceros, fatalmente conducidos por la presunción de poseer el monopolio de la verdad. Lo amargo reside en orientadores de toda índole, hábiles en la distorsión y siempre aptos en colocar una dosis de dinamita, con lamentables repercusiones. Una bala que casi asesina al hoy presidente Donald Trumplas funestas experiencias de Ecuador y Colombia liquidando salvajemente a dos connotados miembros de su clase política y la vileza de terminar con la vida de Charlie Kirkretratan los riesgos de aceptar posturas ciegamente apegadas a la defensa de un ideal.
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Emergencia el desagradable manual de reacciones de los que, en pleno siglo 21, recurren a la satisfacción indolente en presencia de hechos injustificables.
Una reacción sangrienta frente al que piensa diferente es la traducción de una desventaja en los alegatos y la absoluta pérdida de la razón. Por eso, nadie con ventajas en el ring de las ideas procura respuestas salvajes.
En el circunscripción de los hechos, la bala que asesinó a un guía muy articulado del pensamiento conservador en el campus universitario de una universidad en Utahevidencia los talentos de Charlie Kirk y la superioridad argumental en presencia de los que discrepaban de sus ideas.
Desafortunadamente, la furia de su atacante demuestra la aprieto de una civilización de tolerancia y respeto en el disenso.
A lo que todos debemos situar es a la aprieto de construir puentes para el diálogo fructíferosin reacciones violentas, a mantenernos siempre ávidos de confrontar ideas y visiones del mundo que se sustenten en el innegociable principio del respeto a la vida.






