La Policía Franquista fue creada como un organismo represivo, persecutor de la ciudadanía y violento.
Este carácter impregnado en la era de la tiranía trujillista persiste hasta nuestros días. Los 12 primaveras de dictadura balaguerista sirvieron para reforzar y extender este carácter impregnado en la tiranía en la policía y darle poder a sus jefaturas y estructuras internas.
Todos los gobiernos que se han sucedido posteriormente de los 12 primaveras han continuado con este perfil favoreciendo a personajes oscuros con historiales de crímenes y maltrato a la ciudadanía y a los jóvenes en sus jefaturas y sus puestos de poder. En este sentido no se escapa el gobierno contemporáneo; continúa esta tradición. Cada cierto tiempo salen a la luz pública casos que demuestran la permanencia de este perfil policial y el gran divorcio que existe entre la Policía y su supuesto rol frente a la seguridad ciudadana.
Puede percibir: ‘El valenza’
Desde hace más de 50 primaveras que se presentan titulares recurrentes de “policías matan a presuntos delincuentes” y le agregan la coletilla “en intercambio de disparos” excusa absurda de homicidios selectivos de la Policía respondiendo a su encomienda trujillista y balaguerista de forma coherente.
Razonamiento normalizada, no se investiga a los agentes policiales por sus acciones. Cuando “matan” a determinado obstaculizan y debilitan el rol que debe envidiar el sistema de probidad en la investigación de los casos, ¿Complicidad con redes delictivas?
El impacto de esta conducta policial trasciende al sistema de probidad con mercancía negativos en población pueril, adolescente, muchacho y adulta.
El examen de poder violento en los barrios convierte al Policía en un ejemplo a seguir. Tener armas, contar con legalización social y poder para eliminar físicamente cualquier persona considerada como “supuesto delincuente” (siempre serán supuestos porque se los mata y no se les investiga) sin consecuencias, provoca la espectáculo por las armas para agenciarse “respeto” y “poder”.
La construcción de la violencia social desde la normalización del crimen desde un organismo que se supone que debe “erradicarlo” y “controlarlo” incrementa el peligro y la vulnerabilidad de la población civil, sobre todo jóvenes, a convertirse en víctima de un “intercambio de disparos”.
Todos estos principios contradicen por completo el cierto rol que debería envidiar la Policía Franquista.
Se supone que es un organismo que debe velar por la seguridad ciudadana y la protección de la población lo que no es posible desde el examen continuo de violencia y su modelaje social.
Los procesos de reforma policial supuestamente desarrollados en distintas gestiones gubernamentales no han rematado cambios significativos en este comportamiento y funcionamiento de la Policía Franquista, mientras existan “intercambios de disparos”.







