La Policía Doméstico fue creada como un organismo represivo, persecutor de la ciudadanía y violento. Este carácter impregnado en la era de la tiranía trujillista persiste hasta nuestros días. Los 12 abriles de dictadura balaguerista sirvieron para reforzar y extender este carácter impregnado en la tiranía en la Policía y darle poder a sus jefaturas y estructuras internas.
Todos los gobiernos que se han sucedido a posteriori de los 12 abriles, han continuado con este perfil favoreciendo a personajes oscuros con historiales de crímenes y maltrato a la ciudadanía y a los jóvenes en sus jefaturas y sus puestos de poder. En este sentido, no se escapa el gobierno coetáneo, continúa esta tradición. Cada cierto tiempo salen a la luz pública casos que demuestran la permanencia de este perfil policial y el gran divorcio que existe entre la Policía y su supuesto rol frente a la seguridad ciudadana.
Desde hace más de 50 abriles que se presentan titulares recurrentes de “policías matan a presuntos delincuentes” y le agregan la coletilla “en intercambio de disparos”, motivo absurda de homicidios selectivos de la Policía respondiendo a su ocupación trujillista y balaguerista de forma coherente.
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Dialéctica normalizada, no se investiga a los agentes policiales por sus acciones. Cuando “matan” a cualquiera, obstaculizan y debilitan el rol que debe envidiar el sistema de equidad en la investigación de los casos. ¿Complicidad con redes delictivas?
El impacto de esta conducta policial trasciende al sistema de equidad con enseres negativos en población pueril, adolescente, bisoño y adulta.
El gimnasia de poder violento en los barrios convierte al policía en un ejemplo a seguir. Tener armas, contar con legalización social y poder para eliminar físicamente cualquier persona considerada como “supuesto delincuente” (siempre serán supuestos porque se los mata y no se les investiga) sin consecuencias, provoca la afecto por las armas para comprar “respeto” y “poder”.
La construcción de la violencia social desde la normalización del crimen desde un organismo que se supone que debe “erradicarlo” y “controlarlo” incrementa el peligro y la vulnerabilidad de la población civil, sobre todo jóvenes, a convertirse en víctima de un “intercambio de disparos”.
Todos estos nociones contradicen por completo el seguro rol que debería envidiar la Policía Doméstico. Se supone que es un organismo que debe velar por la seguridad ciudadana y la protección de la población, lo cual no es posible desde el gimnasia continuo de violencia y su modelaje social.
Los procesos de reforma policial supuestamente desarrollados en distintas gestiones gubernamentales, no han acabado cambios significativos en este comportamiento y funcionamiento de la Policía Doméstico, mientras existan “intercambios de disparos”.






