
Santo Domingo.– El pediatra infectólogo José Díaz Aquino alertó sobre un incremento de los virus respiratorios que afectan a la población inmaduro en la República Dominicana, y exhortó a acrecentar las medidas de prevención, la inmunización anual y la atención médica oportuna para evitar complicaciones, especialmente en menores de cinco primaveras.
Al participar en el software “Reseñas, el Podcast”, el doble explicó que estos virus presentan un comportamiento estacional, aunque pueden variar cada año correcto a procesos de mutación, lo que influye en su circulación y belicosidad. Indicó que, en muchos casos, no se alcahuetería de patógenos completamente nuevos, sino de variantes de virus ya existentes.
“Los virus pueden mutar; y a veces creemos que enfrentamos uno nuevo, cuando en efectividad es una mutación o variable de uno que ya circulaba”, precisó Díaz Aquino.
El infectólogo señaló que los síntomas clínicos de estas infecciones respiratorias suelen ser muy similares, lo que dificulta su identificación sin pruebas de laboratorio. “Clínicamente no podemos distinguir si se alcahuetería de influenza, covid-19, metaneumovirus o adenovirus”, explicó, al destacar la importancia del diagnosis adecuado.
Entre las manifestaciones más frecuentes mencionó fiebre, dolor de comienzo, malestar caudillo y dolor de estrechamiento, por lo que llamó a los padres a no subestimar los cuadros gripales en niños, ya que una atención tardía puede derivar en complicaciones de vigor.
En ese sentido, subrayó la relevancia de cumplir con el esquema de inmunización desde los primeros meses de vida, indicando que la vacuna contra la influenza debe aplicarse a partir de los seis meses y renovarse cada año como medida preventiva fundamental.
Asimismo, advirtió sobre los riesgos de la automedicación en la población inmaduro, una maña global en muchos hogares, que puede empeorar el estado del paciente si no existe una evaluación médica previa. “No todos los organismos reaccionan igual”, puntualizó.
Finalmente, Díaz Aquino insistió en que la prevención no debe remitirse a la albor, sino asumirse como una responsabilidad a lo derrochador de toda la vida, destacando la inmunización continua como una de las herramientas más eficaces para aminorar el impacto de enfermedades prevenibles.





