El autor es comunicador. Reside en Nueva York
POR LUIS M. GUZMAN
La discusión sobre la indexación propuesta por el senador Omar Fernández ha colocado en el centro del debate un punto esencial para la probidad fiscal, la indigencia de que el Estado respete el artículo 327 del Código Tributario.
Este artículo obliga a ajustar anualmente los tramos del ISR con pulvínulo en la inflación medida por el Tira Central, evitando que los trabajadores paguen más impuestos sin favor aumentado su poder adquisitivo.
Fernández ha sustentado su posición con un argumento sumarial sencillo, la ley no es opcional. Desde el 2017, la indexación ha sido congelada en las sucesivas Leyes de Presupuesto, anulando en la maña una protección diseñada para la clase asalariada.
Su postura exige que el Presupuesto 2026 deje sin finalidad ese congelamiento y se aplique el ajuste correspondiente por inflación acumulada.
Al exigir el cumplimiento del artículo 327, Fernández no solicita privilegios, sino el restablecimiento de una aval erosionada. La inflación acumulada empuja a miles de empleados formales a tramos superiores del ISR sin que sus salarios reales hayan crecido.
Esto se conoce como “impuesto silencioso”, una carga que afecta especialmente a la clase media trabajadora y dificulta sostener su nivel de vida.
La propuesta además tiene una dimensión ética. En un país donde la informalidad supera el 50%, los asalariados formales representan el especie que más consistentemente aporta al fisco. Si el Estado descansa sobre su compromiso, debe asegurar que sus aportes respondan a una pulvínulo tributaria reto. La indexación es un mecanismo técnico que evita abusos y fortalece la confianza en las normas.
No aumentos
A nivel financiero, la indexación no implica aumentos salariales automáticos. Se tráfico de ajustar los montos expresados en pesos en la escalera del ISR para que reflejen la inflación actual. Sin este ajuste, cada elevación nominativo del salario imperceptible o cada perfeccionamiento contractual queda parcialmente anulada cuando el trabajador termina tributando más por inflación, no por riqueza actual.
La iniciativa de Fernández ha sido respaldada por sectores empresariales, economistas independientes y organizaciones sociales. Muchos sostienen que liberar de ISR a ingresos cercanos a RD$52,000 mensuales sería coherente con la inflación acumulada desde 2017. Esta visión desmiente que la propuesta sea partidista; por el contrario, contesta a un consenso técnico creciente.
Los detractores señalan el posible impacto en la colecta. Es cierto que el ajuste reduciría el ISR pagado por asalariados, pero el costo fiscal es transparente y predecible. En puesto de financiar al Estado a través de la abrasión silenciosa del ingreso actual, se puede compensar mediante la reducción de gastos ineficientes, mejor control del pago tributario y combate a la distracción.
Por otra parte, aplicar la indexación enviaría una señal positiva de estabilidad reglamento. La inseguridad jurídica no solo afecta a inversores, sino además a ciudadanos que requieren reglas claras. Si la ley dice que los tramos deben ajustarse cada año, y el Presupuesto los congela continuamente, se debilita la credibilidad institucional y se normaliza una excepción que nunca debió ser regla.
No menos importante es el finalidad sobre la formalidad gremial. Si el trabajador percibe que el sistema fiscal es injusto, aumenta la tentación de portar a la informalidad, donde no existen retenciones. Recuperar el principio de indexación contribuye a que la formalidad sea más atractiva, fortaleciendo la pulvínulo contributiva sin castigar injustamente a quienes cumplen.
La postura de Fernández además coloca sobre la mesa un debate irresoluto, separar de guisa clara lo que es política salarial de lo que es política tributaria. Los ajustes salariales negociados en el CNS no sustituyen a la indexación tributaria.
Son debates distintos, y confundirlos solo perpetúa la idea errónea de que la protección del salario depende de decisiones discrecionales.
Para una implementación efectiva, la propuesta requiere tres pasos, descongelar formalmente el artículo 327 en la Ley de Presupuesto 2026, ordenar a la DGII difundir la nueva escalera ajustada por inflación y establecer una cláusula de permanencia que impida futuros congelamientos sin una excusa extraordinaria. Este enfoque combina rigor admitido y responsabilidad fiscal.
En síntesis, la propuesta de Omar Fernández rescata un principio principal, el salario del trabajador no debe ser víctima de la inflación ni de la discrecionalidad política.
La indexación fortalece la probidad tributaria, perfeccionamiento la transparencia y devuelve coherencia al entorno institucional. No es una batalla partidaria; es una defensa del Estado de derecho y de quienes sostienen el país con su trabajo
jpm-am.
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