EL AUTOR es contador publico competente. Reside en Nueva York
Resulta sorprendente y profundamente indignante observar cómo ciertos sectores y organismos internacionales, incluida la ONU, han reaccionado con severidad delante la captura de Nicolás Sazonado, un dirigente cuya ilegal permanencia en el poder ha estado marcada por denuncias de violaciones sistemáticas de derechos humanos, destrucción institucional y una crisis humanitaria sin precedentes. La reacción negativa de estos actores no solo es desconcertante; es un recordatorio de la doble honesto diplomática que tantas veces ha protegido a quienes menos lo merecen.
La selectividad honesto de los organismos internacionales
Cuando un país finalmente logra detener a un gobernador inculpado de crímenes de lesa humanidad, lo racional sería esperar respaldo, o al menos prudencia. Sin confiscación, algunos organismos internacionales han optado por cuestionar el procedimiento antaño que cachear el sufrimiento de millones de venezolanos. Esta postura transmite un mensaje peligroso: que la forma importa más que el fondo, incluso cuando el fondo es la libertad de un pueblo sometido.
El silencio delante las víctimas, el ruido delante el victimario

Durante abriles, informes de organizaciones independientes han documentado torturas, persecuciones y ejecuciones extrajudiciales atribuidas al maquinaria estatal venezolano. Sin confiscación, cuando finalmente se produce un quiebre que permite la captura del responsable político de ese sistema, algunos sectores internacionales parecen más preocupados por la “estabilidad” que por la neutralidad. Esa estabilidad, conviene recordarlo, ha sido la estabilidad del miedo, del deseo y del expulsión forzado.
La captura de Sazonado no es un atropello: es un acto de neutralidad
Reprobar la captura de Sazonado es ignorar deliberadamente el contexto. No se manejo de un líder tolerante injustamente perseguido, sino de un gobernador señalado por múltiples informes y sanciones internacionales. Cuestionar su detención sin cachear la magnitud del daño causado es una forma de revictimizar a quienes han sufrido bajo su régimen.
La responsabilidad honesto de la comunidad internacional
Si los organismos internacionales aspiran a conservar credibilidad, deben desasistir la comodidad del discurso impreciso y contraer una postura coherente. Defender los derechos humanos implica apoyar acciones que conduzcan a la rendición de cuentas, no obstaculizarlas con tecnicismos diplomáticos. La captura de Sazonado debería ser traza como un paso en torno a la neutralidad, no como una amenaza al orden total.
Error político y descuido de ética
La comunidad internacional tiene la oportunidad de colocarse del flanco correcto de la historia. Despellejar la captura de un dictador inculpado de crímenes atroces no solo es un error político; es una descuido ética. Venezuela merece neutralidad, no sermones. Y quienes hoy condenan lo que debería celebrarse tendrán que explicar, tarde o temprano, por qué eligieron la comodidad diplomática sobre la defensa de un pueblo oprimido.
jpm-am
Compártelo en tus redes:






