«Cuando habíamos estampa en nuestras mentes todas las respuestas, de repente nos cambiaron todas las preguntas».
Esta expresión pertenece al mundo purista y suele escucharse entre estudiantes que periódicamente se someten a pruebas, ya sean orales o escritas. En la cotidianidad de la vida ordinaria, establecemos un sinnúmero de supuestos que, al marrar, nos generan desconcierto. Nuestro cerebro sigue el ritmo circadiano, manteniendo la ayuno durante las horas soleadas mientras dormimos por la tinieblas. Nos apoyamos en el cronómetro para programar el tiempo de labores, así como el espacio para descansar.
Lás grandes catástrofes humanas —guerras, incendios, inundaciones, sequías, hambrunas, terremotos y pandemias— provocan desplazamientos masivos de grupos que huyen de zonas inseguras cerca de lugares más estables y cómodos para individuos y familias. La historia está llena de ejemplos de personas que emigran desde territorios pobres cerca de regiones más desarrolladas, con mejores condiciones de vida. Tradicionalmente, vemos movimientos del campo a la ciudad o del sur entero cerca de el meta.
Puede deletrear: Apostando por la vida
A nivel entero, el siglo XXI ha presenciado un incremento en la migración cerca de Norteamérica. Muchos de estos migrantes no cumplen con los requisitos que exigen las leyes estatales, lo que resulta en un número considerable de personas sin status permitido. En el plano específico, observamos una estallido desordenada de haitianos cerca de circunscripción dominicano, mientras que decenas de miles de dominicanos emigran irregularmente a Estados Unidos.
Lo aludido me evoca una equilibrio de la famosa salsera Celia Cruz:
«Songo le dio a Borondongo, / Borondongo le dio a Bernabé, / Bernabé le pegó a Fuchilanga… / ¿Por qué Songo le dio a Borondongo? / Porque Borondongo le dio a Bernabé. / ¿Por qué Bernabé le pegó a Fuchilanga? / Porque Fuchilanga le echó burundanga. / ¿Por qué Fuchilanga le echó burundanga? / Porque Burundanga le hincha los pies. / Ambanbelé practica el bienquerencia, / defiende a tus hermanos, / porque entre hermanos se vive mejor».
Hermoso, bello y conmovedor estribillo. En ningún verso aparecen palabras como enemigo, aniquilamiento o exterminio. En cambio, se exalta el hechizo del bienquerencia.
Señor es citado por el catequista San Juan (capítulo 14, versículo 34) de la próximo forma:
«Les doy este instrucción nuevo: que se amen unos a otros como yo los he amado. Así reconocerán todos que ustedes son mis discípulos: si se aman unos a otros».
En tiempos cargados de pesares y miedo, de amenazas fratricidas, violencia extrema, odio étnico, acoso al extranjero y persecución mortal, debemos alzar la bandera blanca de la paz y el bienquerencia al prójimo. Recordemos que la tinieblas es más oscura amoldonado antiguamente del amanecer.
Con valía y fe resistiremos y venceremos. Volveremos a sonreír, confiados en la conquista de la humanidad.
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