EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.
Por coincidencia o providencia, mi hija Karol Albania me regaló de cumpleaños una bella tirada del compendio premonitorio “1984”, de George Orwell, cabal cuando leía el texto del esquema de Ley Orgánica sobre Familiaridad de Expresión y Medios Audiovisuales, por lo que no pude esquivar aquello de que “el hermano decano vela por ti” o el oculto temor a la “Policía del Pensamiento”.
Esa iniciativa recoge el conjunto de derechos, deberes y obligaciones relacionadas con el control de la familiaridad de prensa y de expresión, expuestos en la Constitución de la República y estatutos adjetivos como la ley 6132, Código Penal, Reglamento de Espectáculos Públicos y Código de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes, entre otras leyes.
En ese esquema, la Internet se convierte en un tablado donde se recrea compendio que me regaló mi hija, por el temor de que alguna vez se inste periodistas y comunicadores a desmentir las evidencias de sus luceros y oídos, bajo el pretexto de que “la familiaridad de prensa se limita a poder proponer que dos y dos son cuatro” y que lo demás se deduce.

Me preocupa el uso excesivo de la acepción “regulación”, como parecido de tapia o condicionamiento, así como palabras etéreas a las que se les confiere la dependencia de disposición jurídica, como la orden de redactar textos “de modo clara, precisa, inteligible y accesible…”
Es mucho el espacio que los redactores de ese esquema han dejado a la consideración o interpretación del entraña regulador, que zapatilla incluso la forma de escribir, lo que se dice o se deja de proponer en término de ampliación o condensación de un mensaje.
Fortaleza
La fortaleza de esta propuesta de ley radica en que recoge todos los activos jurídicos dispersos en el Texto Sustantivo y en diferentes códigos, leyes y reglamentos, relacionados con la familiaridad de prensa, de expresión, acercamiento a fuentes noticiosas, derecho a la información, protección a la albor y tutela de la buena auge.
El peligro decano lo representa el Instituto Franquista de Comunicación (Inacom), “el entraña regulador”, que sería una entidad estatal descentralizada, con “autonomía pragmático, financiera y administrativa”, adscrita al Profesión de Civilización, que promovería el derecho a la familiaridad de expresión e información.
No se conoce en el país ninguna institución u entraña regulador, por autónomo que sea, que no responda al Poder de un dirigente de Estado, Partido o Congreso que en un momento determinado ostente control del artilugio estatal, por lo que ese instituto podría ser el “Profesión del Pensamiento” o el Hermano Maduro que a todos nos vigila, descritos en la novelística de Orwell.
Jpm-am
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