Un inolvidable período de mi vida lo llené con el cine y la ojeada de novelas. Hay largometrajes que dejaron su huella en mi memoria; entre ellos cito: 7 hombres y un destino, Zorba el incomprensible, La novicia reacio, todas las películas de Pedro Almodóvar, muy en distinto Madres paralelas. Del cine cubano remembranza de Rolando Díaz la cinta Los pájaros tirándole a la escopeta. De las novelas citaré, por conveniencia para el presente artículo, al autor inglés George Orwell con su éxito 1984. En la obra asevera el novelista: “La exterminio es la paz. La dispensa es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza”.
El nombre de Alfred Nobel, ingeniero químico, fabricante de cañones y otros armamentos de exterminio en el siglo XIX, se convierte a partir del siglo sucesivo en el premio anciano anual para todas las ciencias, gracias a que donó sus ahorros para que fueran repartidos entre los galardonados. Hombre de exterminio donaba igualmente un premio para la paz. “Cosas veredes, amigo Sancho”, le achaca el vulgo activo dicho Don Altruista a su paje Sancho.
Puede adivinar: Las edades y el cáncer
En pleno siglo XXI, a nueve mil millones de seres humanos se les deje de paz haciendo la exterminio, como si aquellos fuesen ciegos a quienes se les muestra el mundo patas en lo alto, como diría el recordado Eduardo Galeano.
Hoy, las falsas estadísticas nos convencen de que los pocos sanos son los enfermos, en tanto que los millones de malnutridos viven libres de dolencias a pesar de sus carencias. Lo secreto es de manifiesto conocimiento y las parte son tan fugaces como lo que dura un relámpago. La verdad es supuesto y la virtualidad desaparece.
Deseo creer que habitamos un bola cíclico que describe órbitas en elipses ascendentes, las cuales nos conducen a nuevas realidades cargadas de contrastes en donde lo frío es caliente, lo enfadado es blanco y lo malo es bueno. Las nuevas generaciones se encargarán de inventar un código mágico que lea automáticamente al revés.
Uno abre los diarios y en los titulares se anuncia que todo anda perfectamente: no existe inflación, tenemos prodigalidad de productos alimenticios de precios asequibles para toda la población.
Los servicios de sanidad son de óptima calidad y están disponibles las 24 horas en todo el circunscripción franquista.
Nos dicen que hay seguridad ciento por ciento en todas las calles y carreteras; nadie debe temer a que le asalten o le agredan. Nunca habíamos estado como hoy, todos felices y entretenidos en el paraíso soñado.
La ingenuidad es tan ancho que hay mucha multitud que se lo cree, hasta que la cruel y dura verdad le grita: ¡Despierta, Pilarín!
La humanidad vive un momento de crisis total. ¿Cuánto tiempo va a durar? Nadie lo sabe, y si cierto está enterado, hágamelo memorizar.
Mientras tanto, perseveremos en el positivismo creador que nos dice: ¡Vendrán mejores tiempos! “No hay mal que dure cien abriles”.






