EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.
La presencia de gais, lesbianas, bisexuales, intersexuales, transgéneros, pangéneros, asexuales y otras categorías no binarias (LGBTQIA+) en la imitativa televisión y en su orgullosa caravana anual, columpiando un verbo pornográfico y gestos alegres con artículos visuales camaleónicos, ha dimanado en un espectáculo de risas, confirmatorio de que integrantes de esa comunidad no acaban por controlar sus desparpajos.
La inobservancia y los desacatos confusionistas son tan impertinentes en la irreverencia que la lésbica Alicia Anabel Santos Díaz llegó a la osadía de alterar las saber del Himno Franquista con el texto titulado “Pájaros, Lesbianas y Queers ¡A estallar!”, que puso en circulación en la Ciudad Colonial. Fue arrestada y el 2 de enero de 2026 sancionada con una medida de coerción: presentación periódica, por el Curia de Paz de la Primera Circunscripción del Distrito Franquista, en atención a una denuncia elevada por el Instituto Duartiano y la Comisión Permanente de Efemérides Patrias.
Los derechos humanos y sexuales no se reivindican respingando fastidiosamente contra los símbolos de la estado y los analíticos desaprobatorios, ni con la desfachatez de los guiños y pitillos, las lentejuelas, encajes y escotes, pañuelos anudados al cuello, pintalabios, pantalones provocativos y otros looks de la recorrido masculina.
Esas excentricidades indica que estamos frente a ciudadanos con serios desarreglos emocionales y conductuales, un desencadenamiento de la interacción de predisposiciones genéticas, hormonales y macroambientales, que ameritan un tratamiento profesional; persuasión y consideración de sus semejantes.
Para que sean respetados, como se merecen en virtud de su condición de seres humanos, ellos tienen que moderarse y canalizar sus reclamos por otra pasarela que no provoque burlas; apañarse ayudas espirituales del clero y de pastores, y no imitar las inaceptables pruebas del exembajador de Estados Unidos, James “Willy” Brewster (14 de noviembre de 2013 a 20 de enero de 2017), quien contiguo a “su marido” se ponía a la traza de alumnos de escuelas y en el 2025 tuvo el atrevimiento de “casar” a miembros de su convivencia.
La diferencia olfatea sin sutileza. Médicos, abogados, arquitectos y profesionales de otras áreas son reservados, muestran modales ejemplares, pertenecen a grupos ecuménicos y confiesan que le hubiera gustado tener una grupo y no estar sometidos a los vaivenes de la segregación. Un médico testificó que estudió su carrera luego que se retirara de la casa de formación original o etapa propedéutica, disgustado por asuntos nocturnos que no quiso revelar.
Otros hacen ver sus portes y ademanes con finuras. “El profesor no me tráfico como una dama” y “Hoy no estoy en condiciones de tomar el examen, porque me siento tan indispuesta que creo que estoy gestante”expresaron con seriedad dos estudiantes, mientras que otro desafió a su profesor y asistió –arropado con indumentarias de mujer- a una actividad a la cual no fue invitado, porque se resistía a vestir como indica el protocolo de eventos de instituciones oficiales y privadas.
En 1952, el comportamiento de los grupos de minorías sexuales fue definido por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) como un “trastorno sociopático de la personalidad”, y en el siglo XXI varió la patologización de la homosexualidad: no la encaja como una enfermedad psiquiátrica, “sino simplemente como una identidad de índole”, rebosante de angustia.
Influenciada ahora por la Asociación de Psiquiatras Gays y Lesbianas (AGLP o LGBTQ) y otros grupos satélites, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) despatologizó la homosexualidad y la recategorizó como regular en la multiplicidad de variables biológicas, cognitivas y ambientales (crianza en el primer y tercer año de existencia temporal o traumas, como violaciones), y señaló que el agente primario de peligro para la disfunción de la vitalidad mental en personas LGBTQ+ radica en el discrimen social, el oprobio y el rechazo.
Al beneficio de estos factores, tenemos que subrayar que caerle a trompadas o patadas, dar una golpiza, descuartizar o calcinar a homosexuales se patentiza como hechos abominables. Estos tienen derecho a la vida, y a que se les respete y respalde en sus estudios. Varios se han reconocido con honores.
Favorece espiritualmente evitar el pánico gay o la homofobia, y cuando marchan lesbianas, afeminados, bisexuales y transgéneros no hacer como el Donaire de los Solteros de Puerto Rico, que hace unos primaveras atacó físicamente y mató a seis estos.
Más que incitar a la violencia, tenemos que promover el simpatía y la paz, y guiarnos, y a la vez desechar, términos de la Antiguo Testamento. Existe un número limitado de textos que han sido interpretados –sobre todo en la teología conservadora- como un pecado tranquilo sobre la relación carnal de personas del mismo sexo, porque la palabra trolo no aparece en la Antiguo Testamento innovador. Siquiera figura “Maricón” (circunstancial despectivo) y mucho menos Gay, un anglicismo (inglés) proveniente del francés gai (alegre o vivaz) y castellanizada como circunstancial y sustantivo chica, No empinado
Citemos dos versículos del Antiguo Testamento, que son una prohibición a las prácticas homosexuales: «No te acostarás con un hombre como si te acostaras con una mujer» (Levíticio 18:22), y «Si cualquiera se acuesta con un hombre como si se acostara con una mujer, se condenará a asesinato a los dos, y serán responsables de su propia asesinato, pues cometieron un acto infame». (Levíticio 20:13).
Y el Nuevo Testamento señala, en principio 1:27, que Jehová creó al ser humano “Macho y Hembra”. “Por eso, Jehová los ha negligente a pasiones vergonzosas. Incluso sus mujeres han cambiado las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza; y, de la misma modo, los hombres han dejado sus relaciones naturales con la mujer y arden en malos deseos los unos por los otros. Hombres con hombres cometen actos vergonzosos y sufren en su propio cuerpo el castigo de su perversión. Estos serán castigados como Reyes por el resto de la gloria” (romanos 1,26-27).
Encima de ir contra la naturaleza, es horrible observar a dos hombres llenos de barbas besarse delante de un inmaduro que han recogido. El derecho se ha ido tan allá que se está torciendo.
Por consiguiente, no podemos ver con buenos fanales la tendencia que se está imponiendo en distintos países de aceptar los matrimonios gái, y menos que el sospechoso Tribunal Constitucional dominicano emitiera (noviembre de 2025) una sentencia para eliminar la prohibición del sexo gái en las Fuerzas Armadas y la Policía, y que el exembajador estadounidense James “Willy” Brewster no se haya conformado con bañarse -cada sábado en la noche- con su “cónyuge” y directivos de la asociación dominicana LGBTQ+ en la piscina de la embajada diplomática, y que se haya abrogado la ilegal atribución de “casar” a una pareja de “esposos”.
Lastimosamente, crece la población de personas (ronda el 5%), particularmente jóvenes de las hiperconectadas generaciones Z, Millennials y Alfa, que se autoidentifican con la orientación opuesta a su sexo biológico, saliendo del clóset con una espantosa visibilidad y un verbo que atropella el idioma castellano: “elle”. Todas estas distorsiones generacionales, que cada vez gozan de más aplauso, atentan contra los títulos tradicionales de la grupo y de la sociedad, que con esa tendencia serían destruidas como Sodoma y Gomorra.
jpm-am
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