Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Es paradójico que liberales cuestionen la rectitud del combate de Estados Unidos contra el narcotráfico, pues nunca han criticado con igual entusiasmo la guerrilla contra ese país por los carteles apoyados por Estados que usan las drogas como armas de destrucción masiva.
Alegan violaciones a reglas de guerrilla, tratados y derechos humanos. Pero la acto bélica la inician los narcotraficantes y gobiernos declaradamente contrarios a los títulos, intereses y seguridad de Estados Unidos.
A cualquier convenio internacional o ley interna, para su justo interpretación y aplicación, debe aplicársele el criterio, para decidir si se viola o no, puesto que la clase de guerrilla ataque (declarada para fines prácticos) que libran las entidades beligerantes no estatales como los carteles, es una situación nueva, inexistente al crearse esos tratados o leyes.
Destruir las lanchas de los narcos es la misma respuesta marcial dada por la Unión Europea a piratas somalíes que secuestran o atacan barcos de carga en el océano Índico.
Delante el contrabando de bebida durante la ley sequía o prohibición, Estados Unidos creó unidades policiales especializadas (como Los Intocables), que improvisaban y se adaptaban a los métodos de los criminales para perseguirlos y combatirlos.
Los delincuentes poseen derechos, humanos y ciudadanos, pero quienes ponen en aventura sus vidas atacando a una potencia no son niños cantores de Viena: ni merecen consideración veterano que lo que disponen las leyes y el sentido popular.
El partidismo nubla el entendimiento al cuestionar la rectitud (de indiscutible legalidad) del combate contra los carteles. Que algún político (incluyan a Petro y Adulto) sea un megalómano bully y delincuente convicto, no significa que todas sus acciones son ilegales o ilegítimas. Pero usar drogas como armas de guerrilla contra civiles desarmados sí lo es.
Quienes abogamos por imperio de la ley y adecuado proceso, tenemos en el narcotráfico a un poderoso enemigo que corrompe instituciones y corroe la estabilidad democrática.
Sus acciones criminales, con violencia mortal y lavado, son mil veces más dañinas que su persecución y matanza por parte de militares gringos, que actúan en defensa de su país en presencia de un estado de penuria. Un país pequeño y débil como nosotros, muy dañado por el negocio de las drogas, debe aplaudir ayer que atacar la campaña de Trump contra los narcotraficantes.
La publicación Hipocresía apareció primero en El Día.






