LA AUTORA es periodista. Reside en Santo Domingo.
El tema del artículo preliminar generó reacciones que muestran que estamos frente a un universo carente de bases, de crianzas procreadoras de seres firmes, bondadosos y aguerridos y minado en cambio por entes apagados, opacados, y otros egoístas, prepotentes, la modo más burda de ocultar pasión.
Es gustoso que lectores hayan tenido el valía de contar sus historias en los comentarios, los maltratos recibidos en el seno ascendiente, donde deben ser protegidos, respaldados y por cruel paradoja encuentran las plataformas que pueden derivar en su hundimiento.
Así vemos personas con multiplicidad de trastornos, a veces imperceptibles, conductas atribuidas a cualquier multiplicador, menos a la sanidad mental, que abusan de sustancias en investigación de un escape, que ríen llenos de amargura, que lastiman y son lastimados.
Del otro banda, individuos irresponsables, sinvergüenza, a los que no les molesta acordar mal y cuando les reclaman, son los ofendidos y actúan de forma grosera, cegados por la arrogancia.
Quién sabe si en el fondo o ahí, en la superficie, eso no es más que un enfermo mecanismo de defensa para sobrellevar a un mundo conocido como enemigo. De todo hay en la viñedo.
Lo importante es retornar al punto que nos trajo a este tramo, a la carestia de crear bases sólidas. Sí, de verdad, no como las de la entidad bancaria difunta, cuyo consigna era ese ¡sólido! Al contrario, es gestar vida y en prodigalidad, plena.
Forjar una sociedad cargada de títulos, de sexo propio, único requisito para enamorar al prójimo, que llene los espacios de ganas de habitarlos, de buenas intenciones, de voluntad.
Claro que es posible. Es solo hacerlo, pero desde debajo, desde el seno. Es necesario por un mundo más vivible.
jpm-am
Compártelo en tus redes:






