El autor es periodista. Reside en Santo Domingo.
El final de cada año llega siempre cargado de una invitación inapelable a la advertencia. Es una especie de pausa obligatoria en medio del trajín habitual que nos empuja a mirar a espaldas y a suceder recuento: qué logramos, qué quedó a parte de camino y cuáles fracasos nos golpearon, ya sea en lo personal, en la tribu o en los negocios.
No es un adiestramiento cómodo, pero sí necesario, porque de ese exploración honesto dependen muchas de las decisiones que tomamos para seguir avanzando o para corregir el rumbo.
Cuando hablamos de expectativas logradas no nos referimos exclusivamente a grandes metas. Muchas veces el éxito está en cosas aparentemente simples: sostener un empleo, apoyar a flote un pequeño negocio, fertilizar una deuda importante, ver crecer a los hijos o preservar la sanidad y la estabilidad normal.
Son logros que no siempre se celebran, pero que constituyen la cojín para seguir gerenciando con éxito cualquier esquema. Identificar esas conquistas, por pequeñas que parezcan, fortalece la confianza y nos recuerda que sí somos capaces de avanzar.
Las expectativas que quedan en proceso, por su parte, no deben estar como fracasos. Al contrario, suelen ser señales de punto. Un negocio que no creció al ritmo esperado, un esquema personal que requiere más tiempo o una meta normal que se pospone, forman parte natural de la vida.
La esencia está en evaluar qué funcionó, qué no y qué ajustes se necesitan para el próximo año, sin caer en la frustración ni en el inmovilismo.
Los fracasos, sin retención, merecen una advertencia más profunda. En términos personales o de negocios, suelen surgir por mala planificación, desliz de información, decisiones apresuradas o, simplemente, por factores externos que no controlamos.
Esta advertencia individual no puede desligarse del contexto social y financiero en el que vivimos. En sociedades donde las dificultades macroeconómicas se hacen distinguir, los proyectos de los ciudadanos enfrentan mayores obstáculos.
El encarecimiento del costo de la vida, la incertidumbre y la desaceleración económica impactan directamente el campo social y limitan la capacidad de emprender, eludir o modificar con tranquilidad.
En el caso de la República Dominicana, el país ya alcanzó la condición de pertenencias de renta media y ha mostrado un crecimiento sostenido en los últimos primaveras.
Desempeño bajo
Sin retención, en este 2025 comienzan a aparecer señales de último resiliencia. Según estimaciones de la CEPAL, el crecimiento rondaría el 2.9%, mientras economistas locales lo sitúan tenuemente por encima del 2%. Se comercio de un desempeño por debajo del promedio histórico, que contrasta con indicadores que, en apariencia, cierran en cifras récord.
Las estadísticas oficiales hablan de una inversión extranjera directa que estaría creciendo y rondando los 4,500 millones de dólares, exportaciones que se ubican en torno a los 13,000 millones, remesas que superan los 11,000 millones de dólares y un turismo que rompe marcas con más de 10 millones de visitantes. Todo esto parecería indicar que la pertenencias va perfectamente, pero entonces surge la pregunta obligada: ¿por qué el crecimiento se siente pequeño?
La respuesta apunta, en gran medida, a causas internas. Esto obliga a las autoridades a replantear políticas públicas, aumentar la inversión pública, animar la vigilancia de las finanzas del Estado para no repetir escándalos como el del Seguro Franquista de Salubridad (SENASA) y promover políticas verdaderamente inclusivas, que no se queden solo en programas sociales sin una transferencia efectiva de capacidades al ciudadano.
Hay que rememorar que, según el Asiento Mundial, una parte importante de los dominicanos que salió de la pobreza se encuentra en un segmento pasivo. Cualquier desequilibrio financiero relevante podría empujarlos de reverso a esa condición, afectando directamente al emprendedor, al trabajador informal y a la tribu que casi nada comienza a mejorar su calidad de vida.
El gobierno aplazamiento estabilidad y confianza; la familia, por su parte, demanda crecimiento, oportunidades y exposición individual.
JPM
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