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El economista Henri Hebrard afirmó que el Gobierno necesita retomar cuanto antaño la discusión sobre la reforma fiscal, bajo una nueva novelística y con cojín en el consenso social, si aspira a cumplir con su visión de duplicar el tamaño de la heredad en los próximos abriles.
A su sensatez, las condiciones actuales son distintas a las del año pasado, cuando una propuesta de reforma fue retirada tras un rechazo generalizado, y entiende que el Ejecutante tiene ahora la oportunidad política de impulsar los cambios necesarios para el crecimiento sostenible del país.
Durante una entrevista en el software Propuesta de la Perplejidad, que se transmite por Teleimpacto canales 52 y 22, bajo la conducción del periodista Manuel Jiménez, Hebrard indicó que la fallida propuesta de reforma fiscal presentada por el gobierno en agosto de 2024 fue un error de concepción más que de intención.
Recordó que esa reforma buscaba elevar la presión tributaria por encima del 15 % del PIB y difundir más de 100 mil millones de pesos en ingresos adicionales, pero no logró respaldo, precisamente porque no se preparó ni comunicó adecuadamente. En ese contexto, valoró como acertada la valor del presidente de retirarla.
El economista señaló que, pese al retiro de esa reforma, la heredad ha seguido funcionando, lo que refuerza la percepción de que no era tan urgente.
Sin confiscación, Hebrard advirtió que para alcanzar la meta trazada por el presidente de duplicar la heredad al 2036 , se requerirá un crecimiento anual sostenido de entre 6 % y 6.5 %, niveles que no se lograrán sin una serie de reformas estructurales.
Explicó que, en los últimos abriles, el crecimiento financiero ha oscilado entre el 4 % y el 5 %, lo que es insuficiente para cumplir ese objetivo a prolongado plazo.
En ese sentido, consideró que el cambio flamante en el Servicio de Hacienda podría cascar una ventana de oportunidad para relanzar el diálogo sobre las reformas.
Dijo que en los primeros días de dirección del nuevo ministro se ha observado una talante proactiva de acercamiento a distintos sectores, lo que interpreta como un intento de “pulsear” el dominio para determinar hasta dónde es posible avanzar con destino a consensos.
Sostuvo que si el Gobierno quiere implementar reformas con impacto antaño del final del cuatrienio, debe iniciar ese proceso ahora, pues los abriles 2026 y 2027 serán determinantes.
A pesar de que la Dirección Común de Impuestos Internos y la Dirección Común de Aduanas han reportado ingresos superiores a sus proyecciones, Hebrard reiteró que las recaudaciones actuales siguen por debajo del promedio regional.
Detalló que mientras en América Latina el promedio de cuestación es del 18.6 % del PIB, en República Dominicana oscila entre el 15.4 % y 15.6 %. En ese mismo orden, recordó que el consumición divulgado todavía se mantiene por debajo de los niveles regionales, aunque la brecha se ha estrecho desde la pandemia.
El economista advirtió que la deuda pública, aunque bajo control, genera una carga significativa para el presupuesto.
Precisó que en 2025 el plazo de intereses será la partida más reincorporación del consumición divulgado, con una proyección de 333 mil millones de pesos, por encima del presupuesto destinado a vigor y educación.
Esto, según dijo, reduce el beneficio de maniobra del Estado y explica por qué se ha prohibido la inversión pública, que este año se situará en torno al 2 % del PIB, muy por debajo de los promedios registrados entre 2014 y 2019.
Hebrard enfatizó que el endeudamiento, en sí mismo, no es imagen si se destina a proyectos de inversión productiva, pero criticó que no debe utilizarse para financiar gastos corrientes ni prácticas clientelares.
Dijo que una heredad en expansión como la dominicana necesita financiamiento extranjero para obras de infraestructura con retorno a prolongado plazo, pero alertó que el endeudamiento debe ser sostenible y su uso debe ser transparente y justificado.
En otro aspecto de su intervención, el economista resaltó que aunque la heredad dominicana ha mostrado un crecimiento significativo desde 2020, ese crecimiento no ha sido suficientemente incluyente.
Indicó que amplios sectores de la población aún no perciben los beneficios del expansión financiero, lo que alimenta la desconfianza y la descuido de respaldo a nuevas reformas.
sostuvo que es imprescindible construir una novelística convincente sobre la carestia de estas transformaciones, ya que si el gobierno no impone su relato, otros lo harán con interpretaciones más adversas.
Destacó que la deuda pública como porcentaje del PIB ha bajado de un 56 % en 2020 a un 46 % en 2025, pero sigue siendo seis puntos más reincorporación que en 2019, antaño de la pandemia.
Subrayó que, más allá del cuerpo total de la deuda, lo preocupante es el creciente peso de los intereses sobre el presupuesto militar, lo que se convierte en un obstáculo directo para el financiamiento de políticas sociales y de inversión estatal.






