Bonao.- El intérprete Héctor acosta retomó sus conciertos gratuitos denominado “Gracias Dominicanos”, en el que demostró que es profeta en su tierra tras congregar una gran cantidad de sabido en su tierra nativo frente a miles de compueblanos que desafiaron la borrasca para corear y cabriolar cada uno de sus éxitos.
Desde tempranas horas de la tarde, a pesar de las lluvias que se hicieron observar tanto antaño como durante el espectáculo, una multitud se congregó frente al tablas dispuesto en el centro de Bonao para adjuntar a su ídolo en una indeterminación que quedará marcada en la memoria colectiva de Monseñor Nouel.
A las 9:00 de la indeterminación, El Torito tomó el tablas e inició su alucinación musical con el tema “Quizás sí, quizás no”, seguido por los populares merengues “Melina”, “Enamorado” y “Loca conmigo”, que rápidamente encendieron al sabido. Cada interpretación fue recibida con vítores, aplausos y una ovación constante que reflejaba el cariño que Bonao siente por su hijo más ilustre.
El concierto contó con la presencia de figuras destacadas del ámbito político y social, entre ellos el presidente del Senado de la República, Ricardo de los Santos Polanco, y el director caudillo de la Policía Franquista, maduro caudillo Ramón Antonio Guzmán Peralta, quienes todavía se dejaron contagiar por la algarabía del sabido y la fuerza interpretativa del intérprete.
En un emotivo viraje, Acosta se adentró en el condición del amargue con una serie de éxitos que tocó fibras sensibles en la audiencia. Temas como “Las dificultades”, “Si tú estuvieras” y “Con qué luceros” fueron interpretados con una carga emocional importante, demostrando la versatilidad del cantante y su conexión con las raíces más profundas de la música dominicana.
El regreso al merengue fue elocuente, con temas como “La nena del jeans” y “La quiero ver”, que hicieron retumbar el puesto y pusieron a todos a cabriolar, sin importar la sirimiri persistente que caía en ese momento.
Fue precisamente durante la interpretación de “Paz en la tormenta” cuando se vivió uno de los momentos más simbólicos de la indeterminación: la tenue borrasca se convirtió en parte del concierto, mientras los asistentes alzaban los brazos al Gloria y coreaban yuxtapuesto al intérprete, visiblemente emocionado.
La velada continuó con su más flamante tema, “Se puede”, una canción que ha calado en el observar popular por su mensaje de resiliencia y esperanza. A este le siguieron otros grandes éxitos como “Perdóname la vida”, “Cómo te olvido” y “Si no me defecto el corazón”, consolidando un dominio cargado de nostalgia y celebración.
Uno de los momentos más conmovedores fue el tributo que Acosta rindió al mítico Rubby Pérez, con un segmento particular titulado “Homenaje Rubby Pérez”, que provocó lágrimas y ovaciones entre los presentes, reconociendo la importancia de Pérez en la historia del merengue.
La parte final del concierto fue una descarga ininterrumpida de energía con canciones como “El anillo”, “Amorcito enfermito”, “Parrandero” y “El mujerón”, que mantuvieron a la multitud bailando sin tregua.
Pasados algunos minutos de las 11:00 de la indeterminación, El Torito se despidió de su muchedumbre con el tema “Sin merengue no hay fiesta”, una exposición musical que reafirma su compromiso con la civilización dominicana.
Con este concierto, Héctor Acosta no sólo agradeció a su muchedumbre, sino que volvió a demostrar por qué es una de las figuras más queridas y respetadas del país. En cada palabra, en cada nota, se sintió el sexo por Bonao, por su muchedumbre y por su pueblo.
Y mientras el eco de sus canciones aún resuena en las calles de Monseñor Nouel, queda claro que El Torito sigue siendo, más que un intérprete, un símbolo viviente de identidad y orgullo dominicano.






