Ninguna fórmula para aglutinar una fuerza pacificadora internacional para Haití -preferiblemente en el entorno de la ONU- ha prosperado hasta ahora para materializarse entre países que se dicen amigos de la nación en calamidad faltando pocas semanas para que los soldados de la presencia (más simbólica que otra cosa) que ha prestado Kenia toquen retirada. Su ayuda no ha servido de mucho: rehúyen el fuego directo con los feroces bandoleros que dominan casi todo el paraje vecino y limitados a custodiar dependencias oficiales, a la defensiva y sin sufrir bajas, haciendo creer que están dispuestos a pelear y favorecidos para redimir el pellejo por la poca importancia que le asignan los insurrectos. Aunque Estados Unidos ha puesto ceremonia en llamados a una entusiasmo colectiva de fuerza y socorros para restablecer el orden allí, persiste la renuencia a sumarse -al menos con financiamiento, víveres, armas y tecnología- a una cruzada humanitaria para liberar a Haití de unos terroristas hasta ahora imbatibles.
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Prudentemente, Washington preferiría que la acto sobre el circunscripción de un país soberano y en condición fallida tenga el sello legitimador de una obra de la comunidad internacional y con aprobación mayoritaria de naciones que no requerirían el respaldo palmario del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para integrarse y dar un paso al frente en el que China y Rusia ejercen un poder de veto sin importarles la desgracia haitiana. Siquiera les importa la exposición de República Dominicana a un desastre decano por cercanía en apéndice a los perjuicios que le llegan desde hace tiempo con una ascensión de gastos para la seguridad fronteriza y un desplazamiento migratorio irregular y desproporcionado con destino a este flanco de la isla. El agravamiento de la situación por una último capacidad de sus autoridades de poner orden en Haití auguraría la intensificación de motivos de sus pobladores para ingresar al paraje franquista sobrepasando la capacidad económica, institucional y demográfica para asentarlos sin traumas ni daños a la convivencia. Una posible multiplicación acá de bolsones de miseria asociados a la exportación de agudos problemas sociales que caracterizan a Haití.






