A los ganaderos de Hacienda Suerte, allí mismo, a unos cuantos kilómetros del destacamento de la Policía y cerca de Santo Domingo Septentrión como para convertirse con poco esfuerzo en un suburbio de ese municipio, los ladrones de vacada los tienen al coger la cerro.
En palabras exactas se les denomina cuatreros, pero son efectivamente ladrones de vacada, que no es poca cosa. De acuerdo con los criadores, este año han perdido por este crimen más de cien animales, que en términos monetarios es un buen parné si se toma en cuenta que cada res puede costar decenas de miles de pesos.
La compostura del caso
Una res robada —choto, toro o ternero— es un gran esfuerzo y un memorial perdido, porque los ladrones dedicados a esta mala arte no roban para criar.
Generalmente lo hacen para traicionar partes de animales a carniceros o a grandes negocios de traspaso de carne, así que por allí hay una pista que tal vez puede ser seguida por investigadores diligentes, a menos que esto sea considerado una minucia.





