Llamados huracanes, ciclones y tifonesson al final el mismo engendro meteorológico caracterizado por su tormentosa incidencia en las zonas de impacto. Sin retención, el origen de estos términos dependerá de la zona donde se produzcan. Si es en el Pacífico noroccidental reciben el nombre de “tifones”.
Mientras que, cuando se tráfico de la región suroriental del océano Índico o del Pacífico suroeste, se les llaman “ciclones tropicales graves”. De igual modo, en la zona finalidad del océano Índico se denominan “tormentas ciclónicas graves”y en la zona suroccidental de esa misma radio son tan solo “ciclones tropicales”.
Pero, cuando una de estas temibles tormentas se produce en el Atlántico finalidad, el Caribe y la parte nororiental del Pacíficose les califica de “huracán”. Dicho nombre viene cedido por el “dios caribeño del mal: Hurrican”.
No importa cual sea su denominación, estos son dañinos, son fenómenos naturales intensos y aguardan la capacidad de provocar graves estragos, como veremos en lo delante.
“Colocado en el mismo trayecto del sol. Oriundo de la confusión. Colocado en un inverosímil archipiélago de azúcar y de trinque”, como diría el agradecido poeta Pedro Julio Mir Valentín (Don Pedro Mir), así se encuentra República Dominicana además a la audiencia de la ruta de estos fenómenos naturales.

El primer gran huracán registrado en el país, que causó daños y muertes significativas, fue San Zenón, golpeando al país el 29 de agosto del 1930, hace 95 primaveras, como categoría cuatro, con vientos entre 240 y 320 kilómetros por hora, arrasando con todo a su paso, especialmente en una ciudad de Santo Domingo, poco preparada en la época, para un engendro tan violento.
Registros oficiales contabilizan las muertes de este huracán en 2,000, mientras que algunos investigadores cifran las víctimas mortales en hasta 8,000, en todo el zona doméstico y dejando una pérdida de unos 50 millones de pesos, para la época, una suma congruo elevada.






