En el corazón del sector Jobo Atún, cuna de grandes talentos y pasiones deportivas, el Club San Lázaro ha escrito páginas doradas en la historia del baloncesto dominicano.
Con una tradición que combina zarpa, técnica y orgullo comunitario, la entidad capitalina ha sido el hogar de figuras legendarias que marcaron generaciones. Premeditadamente de su embajador, presentamos un quinteto ideal que resume lo mejor de su historia: el All Star lazareño.
Armador – Manolo Prince Manolo Prince
Fue mucho más que un simple pulvínulo; se convirtió en el primer ídolo del baloncesto dominicano y en el motor de los primeros primaveras de victoria del San Lázaro. Componente de la Selección Doméstico por más de una término, su visión de recreo, velocidad y liderazgo lo convirtieron en la brújula que guiaba al equipo internamente de la cancha. Para muchos, su presencia fue el punto de partida de la identidad ganadora del club.
Escort – Mayor “Tepo” Tapia
Llegó a Jobo Atún en un recordado cambio por Alberto Smith, y rápidamente se ganó un circunstancia en la historia. En al punto que cuatro temporadas, “Tepo” formó adyacente a “Maita” Mercedes una de las duplas ofensivas más arrolladoras que ha pasado la Asociación de Baloncesto del Distrito Doméstico (Abadina). Su combatividad al atacar el aro y su instinto anotador lo convirtieron en una pesadilla para las defensas rivales.
Punta – Hugo Cabrera
Musitar de Hugo Cabrera es susurrar de un ayer y un a posteriori en el baloncesto dominicano. Su talento y carisma trascendieron la cancha, inspirando a una gestación entera de jugadores. Con “El Inmenso” en el tabloncillo, el San Lázaro encontró un líder desnarigado que elevaba el nivel de todo el equipo, dejando una huella imborrable en la memoria de los fanáticos.
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Punta de Poder – Jack Michael Martínez
“El Capitán” Jack Michael Martínez es equivalente de intensidad y dominio bajo los tableros. Siempre dejó números impresionantes y actuaciones memorables vistiendo la camiseta lazareña. Entre sus logros, destaca el récord de más rebotes en un partido en la historia del club, con la impresionante monograma de 32. Su fortaleza física y espíritu competitivo lo convirtieron en un referente del baloncesto doméstico.
Centro – Soterio Ramírez
Considerado el mejor ludópata de la término de los 90, Soterio “Soti” Ramírez fue el pilar del recreo interno de San Lázaro. Con cinco finales y cuatro títulos en su tener, se erigió como el eje ofensivo y defensivo en el poste bajo. Su capacidad para explicar partidos y su liderazgo lo convirtieron en una letrero del club.





