El autor es productor de televisión. Reside en Santo Domingo
Por Pedazo de pan Puello
Cada fin de año la clan se pone poética. Pero si uno mira con frialdad —como quien cruza Big Data con sociología— los deseos no son tan misteriosos: se repiten en encuestas, se repiten en comentarios y se repiten en los chats familiares donde nadie palabra “en indeterminado”, sino desde la congelador, la escuela, el motor, el colmado y la recibo de la luz.
Para aterrizarlo, pespunte combinar tres señales.
Lo que marcan los estudios de opinión
Los estudios sobre “el principal problema del país” tienden a coincidir en poco: lo financiero domina de forma sostenida. La preocupación por el pasta, los ingresos y el costo de vida aparece una y otra vez por encima de otros temas, y eso no es casualidad. Es el reflexiva de un país que siente que trabaja, pero no siempre logra respirar.
Los temas que suben en la conversación pública
Si miramos lo que se vuelve tendencia en la calle y en redes —sin romantizarlo— aparecen las mismas palabras: salarios, costo de vida, empleo, salubridad, seguridad. La memorándum pública se alimenta de lo que la clan está viviendo, no de lo que quisiera discutir. Y en estos meses la conversación ha estado claramente concentrada en calidad de vida, ingresos, empleo, pobreza, salubridad y destrucción social.
El verbo positivo de la clan en mensajes de fin de año
Aquí no hay teoría: la clan suele pedir “salubridad” y “prosperidad” como un mismo paquete emocional. En la habilidad, eso significa: estar admisiblemente y poder morar. No se proxenetismo solo de que no falte salubridad; se proxenetismo de que no falte la capacidad de sostenerla, de pagarla, de cuidarla, de vivirla con estabilidad.
Con ese planisferio, el viejo sueño dominicano de 2026 se puede opinar sin maquillaje:
Que el pasta zona de influencia para morar con tranquilidad.
No es “ser millonario”. Es poco más primordial y más profundo: que el trabajo rinda, que el sueldo no se derrita antaño del día 15, que se pueda resolver sin morar en modo emergencia. Por eso la palabra “salario” aparece como obsesión pública, y por eso “calidad de vida” se vuelve la forma elegante de opinar “quiero respirar”.
¿En qué coincide la mayoría? En que la vida está cara y que, cuando el faltriquera aprieta, todo lo demás se vuelve cuesta hacia lo alto: la salubridad se posterga, la educación se complica, el plan se enfría y la paz acostumbrado se vuelve frágil.
¿Y qué significaría cumplir ese sueño en 2026? Mucho más de lo que parece:
-Menos ansiedad colectiva: clan durmiendo mejor porque no vive al borde.
-Familias tomando decisiones con comienzono con miedo.
-Inexperiencia viendo futuro aquíno como plan de escape.
-Una sociedad menos agresivaporque cuando herido la presión económica, herido la tensión social.
Ahora, la parte incómoda: ese sueño no se logra con frases. Se logra con productividad positivo, empleos de calidad, costos más manejables, servicios públicos que no castiguen al que trabaja y una civilización de respeto a la ley que proteja el esfuerzo.
Pero incluso se logra con poco que sí depende de cada quien: formarse a llevar la batuta, capacitarse, diversificar ingresos y no tipificar la improvisación financiera. Mucha clan vive en crisis eterna porque, mientras más deseo, más gasta.
Ojalá 2026 sea el año en que el dominicano no tenga que “resolver” tanto… y pueda morar más. Que la prosperidad deje de ser un deseo cliché y se convierta en una experiencia cotidiana. Y si hoy todo luce pesado, recuérdalo: un país cambia cuando la mayoría decide que su sueño no es quejarse, sino empujar —con disciplina, con inteligencia y con esperanza.
angelpuello@gmail.com
JPM
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