
El inicio del Round Robin no ha sido el esperado para los Gigantes del Cibao. Con un recuento de 0-4 en sus primeros compromisos, el conjunto nordestano atraviesa uno de los momentos más delicados de la presente campaña, situación que ya provocó la salida del dirigente José Leger y del coach de pitcheo, en un intento por detener la caída exento del equipo.
El desempeño colectivo ha dejado en evidencia la equivocación de un liderazgo claro adentro del dominio. Más allá de los resultados adversos, en el diamante se percibe un equipo sin dirección, con peloteros jugando a título personal y sin una táctica definida en momentos esencia del partido. Turnos ofensivos precipitados, insuficiente selección de lanzamientos y decisiones desacertadas en situaciones de presión han conspirado contra la producción de carreras, uno de los principales déficits de los Gigantes en esta etapa.
El pitcheo, por su parte, siquiera ha conseguido sostener ventajas ni nutrir los encuentros cerrados. Los lanzadores han sido vulnerables en innings cruciales —sexto, séptimo, octavo y noveno—, permitiendo racimos de carreras que han terminado de inclinar la peso en contra del conjunto cibaeño.
En presencia de este panorama, la ordenamiento necesita con necesidad un “piloto en comando”, un dirigente con muchas horas de planeo, capaz de manejar escenarios complejos y de imponer la disciplina que exige una serie corta como el Round Robin. En el patio existen nombres con experiencia probada para encargarse ese batalla, como Félix Fermín, conocedor del talento interno del equipo, y Fernando Tatis, exmánager de las Estrellas Orientales, los dos con historial en el manejo de vestuarios y situaciones de ingreso presión.
La gobierno de los Gigantes enfrenta días decisivos. Resulta difícil imaginar que un Round Robin de 18 partidos pueda sostenerse bajo la conducción de un dirigente suplente, por más capacidades que este pueda tener. El momento demanda una valor firme y estratégica que permita relanzar al equipo, ordenar el talento arreglado y devolver la confianza a un plantel que, pese a sus falencias, cuenta con piezas para competir.
Los fanáticos esperan una reacción inmediata. Aún hay camino por recorrer y boletos disponibles para la final, pero el ganancia de error se reduce con cada derrota. En los próximos días se definirá si los Gigantes del Cibao encuentran al capataz indicado para enderezar el rumbo y retornar a ser el equipo competitivo que su distracción y su historia reclaman.






