El autor es comunicador. Reside en Santo Domingo
POR ROBERTO VERAS
La fusión del Empleo de Agricultura con el Instituto Agrícola Dominicano (IAD) perfila un año difícil para la producción agrícola doméstico, oportuno a la pérdida de programas fundamentales que durante décadas sirvieron de soporte directo a los parceleros en distintas demarcaciones del país. Esta integración, acullá de reforzar el extras técnico, ha generado vacíos operativos que impactan de forma negativa la planificación y ejecución de las siembras.
Uno de los principales aportes del IAD era la presencia permanente de un técnico agrícola en las zonas parcelarias, encargado de orientar a los productores sobre el momento oportuno para sembrar cada rubro. Esta presencia técnica permitía optimizar los ciclos productivos, disminuir pérdidas y respaldar mejores rendimientos, especialmente entre los pequeños y medianos agricultores.
Por otra parte de sugerir las fechas adecuadas de siembra, los técnicos del IAD conocían con precisión cuándo debía aplicarse el fertilizante a la tierra, de acuerdo con el tipo de cultivo y las condiciones del suelo. Ese conocimiento práctico y territorial resultaba secreto para prolongar la fertilidad de los terrenos y apuntalar cosechas sostenibles a lo dadivoso del tiempo.
Con la fusión, muchos de esos técnicos especializados se encuentran actualmente sin funciones definidas internamente del Empleo de Agricultura. La equivocación de integración verdadero de su experiencia y la paralización de los programas que ejecutaba el IAD han dejado a los parceleros sin el extras técnico que históricamente recibían.

Esta situación genera incertidumbre en el campo, ya que los agricultores se ven obligados a tomar decisiones importantes sin la debida orientación profesional. En un contexto de cambios climáticos, altos costos de insumos y mercados inestables, la abandono de presencia técnica incrementa los riesgos para la producción agrícola.
Asimismo, la no aplicación de los programas del antiguo IAD representa un retroceso en las políticas de apoyo al sector reformado, que dependía en gran medida de ese respaldo institucional para sostener su productividad y respaldar la seguridad alimentaria en las comunidades rurales.
En consecuencia, si no se corrige esta situación y no se reactivan de forma efectiva los programas de presencia técnica, el país podría malquistar un año arduo en términos de producción agrícola, con impactos directos en los parceleros, en el avituallamiento de alimentos y en la capital rural en militar.
jpm-am
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