Los dramáticos acontecimientos de los últimos días en Venezuela -y seguidamente en Estados Unidos- han suscitado un intenso debate sobre si el gobierno de Donald Trump actuó legalmente al destituir por la fuerza al presidente Nicolás Formado.
Formado y su esposa se enfrentan ahora a un sensatez por cargos de tráfico de armas y drogas en un tribunal de Nueva York, con la posibilidad de ser condenados a largas penas de prisión, pero los expertos legales afirman que no está claro que las autoridades estadounidenses contaran con precedentes o con el respaldo del derecho internacional para padecer a agarradera la operación.
Formado ha torpe rotundamente ser el líder de un un cártel del narcotráfico y ha acentuado a Estados Unidos de utilizar su “exterminio contra las drogas” como pretexto para intentar derrocarlo y apoderarse de las vastas reservas petroleras de Venezuela.
Les invitamos a estudiar: Edmundo González pide la independencia de los presos políticos para la normalización de Venezuela
El derecho internacional generalmente prohíbe el uso de la fuerza, fuera de en circunstancias excepcionales, como la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU o la legítima defensa.

La alegato
Horas posteriormente de los ataques estadounidenses contra Venezuela y la captura de Formado, funcionarios de la sucursal Trump intentaron demostrar la operación basándose en las acusaciones penales emitidas por la probidad en Nueva York.
La entusiasmo se presentó como un asunto de aplicación de la ley interna, como defensa propia contra el “narcoterrorismo”.
A la persona de esta iniciativa estaba la fiscal genérico de Estados Unidos, Pam Bondi, quien publicó en X que Formado y su esposa “pronto se enfrentarían a todo el peso de la probidad estadounidense en suelo estadounidense y en tribunales estadounidenses”.
Durante una conferencia de prensa el sábado, el secretario de Estado de Estados Unidos, Entorno Rubio, y el genérico Dan Caine, principal del Estado Decano Conjunto de Estados Unidos, declararon que la incursión fue una entusiasmo llevada a agarradera en nombre y a petición del Área de Conciencia de Estados Unidos.
Presentar la operación de esta modo además podría ser un intento de disipar la preocupación por la errata de aprobación del Congreso de EE.UU. antiguamente de los ataques contra Venezuela y la detención de Formado.
Esto podría convertirse en un asunto espinoso para la sucursal Trump. Por ley, el presidente necesita de dicha aprobación si se prostitución de una operación marcial estadounidense contra Venezuela, poco a lo que Donald Trump aludió el sábado al asegurar que su país gobernaría Venezuela durante un tiempo ahora que Formado había sido derrocado.
En noviembre, la jefa de recibidor de la Casa Blanca, Susie Wiles, declaró a la revista Feria de la vanidad que los ataques terrestres en Venezuela requerirían la aprobación del Congreso, pero a finales de ese mismo mes, Trump contradijo públicamente esta afirmación.
Delante las críticas de que se había engañado al Congreso, Rubio declaró el sábado que los legisladores estadounidenses no habían sido informados antiguamente de la operación porque la incursión era “básicamente una función de aplicación de la ley” en puesto de un acto de exterminio, y que el “Área de Aniquilamiento apoyó al Área de Conciencia” para llevarla a agarradera.
Para resaltar su argumento, calificó a Formado de “fugitivo de la probidad estadounidense”.

El gobierno de Trump además podría ampararse en la Ley de Poderes de Aniquilamiento, que permite al presidente iniciar acciones militares de corta duración por hasta 60 días —con 30 días adicionales para la retirada— sin la aprobación previa del Congreso, siempre y cuando se notifique en un plazo de 48 horas.
Según este situación procesal, el presidente podría alegar autoridad para difundir el ataque contra Venezuela sin previo aviso al Congreso. Sin confiscación, los legisladores estadounidenses aún pueden sufragar de forma bipartidista para restringir o poner fin a cualquier entusiasmo marcial posterior. Se aplazamiento una votación en los próximos días.
Desconfianza procesal
A pesar de esto, algunos expertos han expresado su consternación por lo que significan los acontecimientos de este fin de semana para el derecho internacional y el orden basado en normas, y han puesto en duda la saco procesal de las acciones de Washington contra Venezuela.
Los analistas afirman que el narcotráfico y la violencia de las pandillas, que fueron los motivos esgrimidos por la sucursal Trump para demostrar su intervención en Venezuela, se consideran actividades delictivas y no cumplen con el en serie internacional aceptado de un conflicto armado que justificaría una respuesta marcial.
En la conferencia de prensa del sábado, Trump además culpó a Venezuela de robar activos petroleros estadounidenses. Dijo que Washington los recuperaría cuando controlara Venezuela, sin ofrecer detalles.
“No se puede asegurar que se trató de una operación policial y luego afirmar que ahora necesitamos timonear el país”, declaró a la agencia de telediario Reuters Jeremy Paul, profesor de la Universidad Northeastern en Estados Unidos, especializado en derecho constitucional. “Simplemente no tiene sentido”.
El profesor Marc Weller, de Chatham House en Londres, afirma que el uso de la fuerza como medio de política doméstico está prohibido por el derecho internacional, a menos que sea “en respuesta a un ataque armado o… para rescatar a una población bajo amenaza inminente de exterminio”. Asimismo se necesita un mandato de la ONU, añade.
“Claramente, nadie de estos requisitos se cumple en la operación armada de Estados Unidos contra Venezuela”, escribe. “El interés de Estados Unidos en reprimir el narcotráfico o las afirmaciones de que el gobierno de Formado era, en esencia, una empresa criminal, no ofrecen ninguna alegato procesal”.
El precedente de Panamá

Algunos analistas sugieren que Trump y su círculo íntimo han tomado en consideración los acontecimientos de Panamá en 1989-1990 como maniquí o alegato para la destitución de Formado.
El impopular líder marcial de facto de Panamá, Manuel Noriega, fue derrocado tras una intervención marcial de la sucursal del entonces presidente George H. W. Bush y trasladado a Estados Unidos para ser audiencia por cargos de narcotráfico.
Los expertos afirman que existen similitudes evidentes, incluyendo los esfuerzos de Washington por apuntalar el comunicación al Canal de Panamá hace 35 abriles y a los campos petrolíferos de Venezuela en la presente, pero que además persisten diferencias notables.
Entonces, como ahora, Washington se basó en la alegato de la legítima defensa, alegando un peligro inminente para los intereses estadounidenses antiguamente de derrocar a Noriega, afirma el profesor Weller.

Según analistas como el exdiplomático estadounidense John Feeley (quien habló con la radiodifusión NPR en Estados Unidos), la diferencia más obvia entre uno y otro casos es que la competición popular en Panamá estaba preparada para encargarse el poder tras la destitución de Noriega y se produjo una transición democrática duradera. Encima, las tropas estadounidenses abandonaron el país poco posteriormente.
Los comentarios de Trump durante el fin de semana sugieren que este no es el caso en Venezuela, donde no hay una competición preparada para tomar el jubilación.
¿Y ahora qué?
El posterior paso obvio ahora es que se celebre un sensatez contra Formado, independientemente de los medios controvertidos y polémicos que se utilizaron para trasladarlo de Venezuela a Nueva York.
Según el profesor Weller, los tribunales estadounidenses siguen la señal doctrina Ker-Frisbie: no importa cómo se lleve a un sospechoso en presencia de un tribunal estadounidense; el sensatez puede continuar, incluso si se produce tras “una intervención armada ilegal o un secuestro”, siempre y cuando el sospechoso no haya sido sometido a torturas graves durante el proceso.
Algunos analistas además afirman que si Estados Unidos no afronta consecuencias por sus acciones en Venezuela, podría poseer repercusiones muy graves para otros conflictos latentes a nivel mundial, sobre todo teniendo en cuenta que la capacidad de la ONU para apoyar un orden internacional basado en normas se ve claramente cuestionada.






