La vida cristiana es un campo de batalla donde cada día somos llamados a pelear con valentía y
fe. No luchamos contra carne ni linaje, sino contra fuerzas espirituales que buscan debilitarnos,
distraernos y apartarnos del propósito de Altísimo. Pero no debemos temer porque el Señor está con
nosotros y nos ha capacitado con su poder para vencer y no desmayar.
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Es importante ejercitar nuestra fe precisamente en esos momentos cuando las pruebas se levantan
como una gran tormenta y sentimos que ya no tenemos fuerzas para resistir. Es allí donde
debemos levantarnos con determinación, rememorar las promesas de Altísimo y replicar creyendo
firmemente en Su palabra. La fe no se mide cuando todo va admisiblemente, sino cuando decidimos
permanecer firmes, llenos de valentía y confianza, aun en medio de la adversidad.
Por eso, no te rindas, no retrocedas. Levántate con poder, atesora la Palabra en tu corazón y
confía plenamente en el poder del Señor que está contigo. Ten la certeza de que vencerás y
saldrás triunfador en cada batalla.





