Por Leonardo Stanley
Las emisiones de gases de emoción invernadero siguen en mejora y la temperatura promedio completo aumenta año tras año. El planeta alcanza sus límites, mientras cientos de miles de personas ya enfrentan las consecuencias del cambio climático. Sin incautación, el mejora del movimiento completo negacionista, sumado a la presión ejercida por sectores como el petrolero, que ven perjudicados sus negocios, está frenando la transición energética y la mitigación al cambio climático: niegan la evidencia científica, falsean informes, o directamente mienten. Pero asimismo corrompen gobiernos, bloquean políticas y buscan frenar las medidas impulsadas por distintas entidades financieras.
La reelección de Donald Trump a la Casa Blanca ha terminado de consolidar esta corriente negacionista, con la consecuencia que la principal potencia del mundo ha emboscado por desfinanciar la lucha contra el cambio climático, considerándola una problemática inexistente.
A este carro se han subido políticos de ultraderecha -y no solo-, pero asimismo los lobbys económicos y los fondos financieros, que hasta hace poco prometían liderar el cambio. Pues, ahora las decisiones que se adoptan obedecen a otras razones y siguen la método de la caudal política: actores, intereses y poder.
Las grandes promesas incumplidas de los fondos financieros
Recientemente el sector financiero dio muestras de un nuevo rumbo y nos llenó de promesas. Pero finalmente quedó evidente que lo que positivamente lo mueve son los negocios. Por ello, la retórica ética que ha exhibido en reuniones y reportes anuales recientes ha comenzado a desvanecer frente a la presión del poder.
BlackRock, uno de los principales fondos de inversión del mundo, formó parte del entusiasmo original. En su carta anual a los inversores de 2018, su director ejecutor, Larry Fink, destacó la escazes de avanzar con una observación más responsable y la aprieto de interpretar contra el cambio climático. Con más de 11,6 billones de dólares en activos bajo papeleo, las decisiones de este fondo influyen de guisa determinante en las estrategias de inversión de numerosas empresas en todo el mundo.
Por esos abriles, cuando los jóvenes tomaban las calles de las principales capitales del mundo para movilizarse contra la inacción de los principales líderes, un orden de empresas y fondos de inversión lanzaba una nueva alianza: Climate Action 100+. Entonces, los distintos miembros se comprometían a transparentar su nivel de contaminación y estrechar la huella de carbono en sus operaciones.
En abril de 2021, un orden de más de 450 empresas globales lanzaron en Glasgow una Alianza Financiera para las Emisiones Cero (GFANZ). La presidencia de la alianza resultaba compartida: allí estaban Michael Bloomberg y el flagrante primer ministro de Canadá, Mark Carney, este posterior proveniente del sector financiero y ex presidente del Parcialidad de Inglaterra. Fue en el situación de un discurso brindado en esa entidad, en septiembre de 2015, donde el financista canadiense resumir las falencias del sistema en una expresión: “la tragedia del horizonte”es aseverar, cómo las decisiones de corto plazo ignoran los riesgos futuros.
Bajo los auspicios de las Naciones Unidas, asimismo en 2021 se lanzaba la Alianza de Bancos por las Emisiones Cero (NZBA), reunión que involucra a unos 98 bancos de 39 países diferentes, que representaban el 43% de los activos globales del sistema. Originalmente liderada por el mismo Mark Carney, la entidad buscaba alinear la banca con la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático.
Un cambio de rumbo peligroso
Pero los hechos actuales demuestran cómo las opiniones pueden estar modificadas cuando las responsabilidades lo requieren o las presiones lo imponen.
Al poco tiempo de encargarse como primer ministro de Canadá –principal emisor en términos per cápita, donde la industria extractiva tiene un gran peso en la caudal–, Mark Carney se olvidó de las tragedias. Inmediatamente comenzó a validar nuevas inversiones en yacimientos bituminosos, nuevos ductos, y a desarrollar una política agresiva de exportaciones, a cambio de promesas de captura de carbono por parte de las petroleras. Todo un cambio de personalidad para quien declamaba la escazes de internalizar los riesgos futuros en las decisiones del sector financiero.
Lo mismo sucedió con las promesas de BlackRock, quien decidió dejarlas de costado. Ello quedó en evidencia en una nueva misiva donde se destacaba lo inapropiado de caer en el wokismo y la escazes de reorientar sus inversiones allí donde más rinden. En su carta anual de este año, Larry Fink incentiva a expandir la producción energética al tiempo que omite toda remisión al problema climático o a la responsabilidad corporativa, aspectos que anteriormente defendió con vehemencia.
Frente a la flagrante situación política, las principales entidades financieras asimismo están cambiando de opinión. Esto es visible en la nuevo salida de varios bancos globales– particularmente los originarios de EE UU y Canadá– de la NZBA, lo cual ya está transformando el mandato diferente de la entidad. Al mismo tiempo, crecen las denuncias por el rol que juega la banca completo en financiar las denominadas “bombas de carbono”, cómo se conocen a los proyectos de inversión en carbón, petróleo o gas fósil con potencial para emitir más de una gigatonelada de CO2, que se esparcen sobre todo el planeta.
Finalmente, el debilidad asimismo se observa entre el orden de empresas globales GFANZ. La salida de alguno de sus miembros como JPMorgan Chase, Morgan Stanley, Bank of America o, más recientemente HSBC, ha llevado a la entidad a flexibilizar su legislatura y a agenciárselas atraer a la banca multilateral de crecimiento, a fin de aumentar su disponibilidad de fondos. Idénticos problemas ha observado la coalición Climate Action 100+, con la salida de varios miembros norteamericanos.
Y qué pasó con el compromiso de los países desarrollados
A pesar de los discursos, los fondos comprometidos por los países desarrollados han quedado muy por debajo de lo prometido en reiteradas ocasiones y aún más remotamente de cubrir las micción de quienes sufren con longevo intensidad los existencias del cambio climático. Pespunte rememorar la promesa de los países desarrollados de movilizar 100 mil millones de dólares anuales, acordada en el Comité Intergubernamental contra el Cambio Climático (IPCC) para 2020 en beneficio de las naciones en crecimiento, objetivo que no se ha cumplido.
Tras la pandemia, en 2021 negociadores ambientales, líderes políticos y representantes gubernamentales renovaron su compromiso de financiamiento. Más recientemente, en 2024, la COP29 reavivó las esperanzas al triplicar la meta: los países desarrollados se comprometieron a aportar 300 mil millones de dólares anuales destinados a inversiones de mitigación y habilitación.
Nuevas promesas asimismo surgieron en la Conferencia de Sevilla de este año, que se centró en la problemática de la deuda soberana y en los crecientes desafíos de sostenibilidad que enfrentan numerosos países en crecimiento. Sin incautación, la intrepidez de Estados Unidos de retirarse de este tipo de iniciativas está teniendo un enorme impacto, como la desfinanciación de la lucha contra el cambio climático.
De hecho, aun si los compromisos anunciados llegaran a concretarse, para los países en crecimiento los montos seguirían siendo insuficientes. La crisis de deuda que enfrentan los países más vulnerables — aquellos con último responsabilidad en la acumulación de gases de emoción invernadero pero más expuestos a sus impactos — exige replantear el esquema de financiamiento, ampliar los fondos y aumentar las donaciones.
En este situación, es fundamental tener en cuenta cerca de qué sectores se dirige el financiamiento. Si, por ejemplo, la longevo parte del renta se orienta al sector petrolero, el país receptor incrementará sus riesgos, tanto en el ámbito financiero como en su proceso de mitigación climática. En este contexto, la banca completo y los fondos de inversión — principales canales de intermediación cerca de las economías emergentes y en crecimiento — no solo reducirán la aspiración de sus compromisos climáticos, sino que continuarán financiando proyectos intensivos en carbono en múltiples regiones del planeta.
Leonardo Stanley es Investigador Asociado del Centro de Estudios de Estado y Sociedad – CEDES (Buenos Aires). Autor de “Latin America Completo Insertion, Energy Transition, and Sustainable Development», Cambridge University Press, 2020.







