La precampaña a destiempo tiene que ser desmantelada, en todos los partidos, pero muy en específico en el radio de las oficinas públicas. Ya nosotros pedimos en una entrega previo que se parara la campaña partidista.
El presidente Luis Abinader se dirigió a todos los precandidatos del Partido Revolucionario Flamante y le pidió que suspendan la precampaña de inmediato. Por lo menos ese llamado es a siete funcionarios de stop nivel.
La etapa más sensible de precampaña se da en torno al gobierno central. Los funcionarios descuidan su trabajo y puede ser, y la mayoría de las veces lo es, que resten calidad a su ejecutoria.
Por consiguiente, hay que apurar, desde el gobierno, con el proselitismo a destiempo. Asimismo los partidos de examen tienen que dejar a un banda su muy activa caminata de precandidatos.
Es cierto que se necesita tiempo para poder admitir a promontorio una campaña para conseguir la postulación por un partido político, pero la ley electoral define en qué momento está abierta la campaña electoral.
Por lo tanto es de obligación no violar la ley electoral, tanto los funcionarios del gobierno, como los líderes de partidos opositores. Todos son violadores de los reglamentos, en caso de persistir en la desbocada precampaña.
La postura del presidente Abinader de prohibir el proselitismo de los funcionarios es de actividad inmediata y debe ser acatada por todos los funciones, sin chistar y sin rejuegos.
Para evitar confusiones y vivezas, hay que marcar admisiblemente lo que es el trabajo en una dependencia oficial, y utilizar las funciones para disfrazar aspiraciones. Los fuera de tiempo precandidatos deben aprender que el pueblo los está observando.
Desde el gobierno se tiene que hacer frente a grandes problemas y escollos para el pleno incremento doméstico, razón por la cual los funcionarios deben trabajar todos los días y todas las horas, para desarrollar al país.
Un cargo en la despacho pública no es un saco, ni un trampolín para alcanzar posiciones partidistas, sino que se contrae una gran obligación con el país, y no puede darse el beocio descuido en este afán.
Pero la violación a la ley electoral no es solo de los oficialistas, sino que todavía incurren en ella los dirigentes de la examen. La Unión Central Electoral se tiene que reunir con el liderazgo doméstico y explicarles que no va a tolerar las violaciones de las leyes.
Por lo pronto habló el presidente Abinader y de ahora en delante es de esperar que se suspenda el proselitismo de los funcionarios.
Manuel Hernández Villeta





