“Solo le pido a Todopoderoso que la conflicto no me sea indiferente / es un monstruo extenso y pisa robusto / toda la insuficiente inocencia de la familia”, Arrojado Gieco.
El mundo está al borde del precipicio, a un tris de una Tercera Exterminio Mundialy muchos prefieren no verlo. El presidente “merecedor” del Premio Nobel de la Paz (según Corina) ha comenzado este año con un tono marcadamente belicoso, y tan pronto como transitamos el tercer mes.
En tan pronto como 59 días ya hemos conocido el secuestro de un presidente en una operación tan “limpia” que dejó un rastrillo de 100 cadáveres; una asfixia petrolera contra la viejo de las Antillas que amenaza con vencer por inanición a 11 millones de personas; y, por si faltaba poco más, el inicio de una conflicto contra Irán. Sabemos que comenzó el sábado 28 de febrero de 2026. Nadie sabe, sin bloqueo, cuándo ni cómo terminará.
Si las agresiones contra Venezuela y Cuba ya resultan inaceptables desde cualquier perspectiva, la ataque que, contiguo a Israel, impulsa la sucursal Trump contra el pueblo persa representa un paso más en la dirección equivocada.
Solo los ingenuos creerán que se prostitución de una cruzada en valía de los derechos humanos de los iraníes o de un acto altruista contra los abusos de un gobierno teocrático y antidemocrático. El objetivo central, más allá del discurso oficial, está vinculado al control geopolítico del petróleo y de las rutas energéticas estratégicas.
Al parecer, Israel y Washington pensaron que sería relativamente sencillo diezmar la defensa iraní. Creyeron que bastaría un hostigación intenso; que la aniquilación del ayatolá Ali Jamenei provocaría un rebelión interno; que en cuestión de horas el gobierno colapsaría y podrían colocar al mando a uno de sus incondicionales. Hasta ahora no le ha desencajado así.
A pesar de los cientos de bajas, del asedio y de la destrucción causada por el enemigo, Irán resiste. Además ha causado bajas en Israel, y entre los estadounidenses. De forma sorpresiva, tan pronto como horas posteriormente del ataque auténtico, el país persa respondió con una descarga de misiles y drones contra decenas de bases militares y otros objetivos en varios países.
Estados Unidos e Israel, a enjuiciar por los acontecimientos, no parecían contar con una respuesta de esa magnitud. La conflicto continúa. Trump confía en que no se prolongará más de cuatro o cinco semanas. Pero ¿y si no? ¿Qué ocurrirá con la pertenencias norteamericana si la resistor iraní se extiende en el tiempo? ¿Qué impacto tendrá en las elecciones de medio término de noviembre? ¿Perderán los republicanos su mayoría en el Congreso? Nadie puede afirmarlo con certeza.
Lo que sí está claro es que los imperios, cuando perciben que pierden contorno, suelen volverse más agresivos y arriesgados. Sin bloqueo, la historia demuestra que eso no impide su decadencia. Por eso sostengo que esta conflicto tiene y no tiene sentido: puede tener razonamiento desde la geopolítica del poder, pero carece de sentido desde la ética y desde el interés de la humanidad.
Estados Unidos parece sobrevenir olvidado las lecciones de la Segunda Exterminio Mundial. Una conflicto destruye; la paz construye. Solo en un clima de cooperación pueden prosperar verdaderamente las naciones.
Mientras tanto, los hombres y mujeres de buena voluntad debemos al menos alzar la voz frente a una conflicto que solo promete más asesinato y más dolor. Una ascenso en un conflicto donde intervienen actores con armas nucleares sería catastrófica para el planeta firme. No importa de qué flanco estén nuestras simpatías: todos saldríamos perdiendo.
Antiguamente de que la historia vuelva a repetirse con consecuencias irreversibles, es tiempo de detener esta imprudencia.







