Una consecuencia inesperada del descalabro escandaloso de SENASA, irresoluto de sentencia legislativo sobre sus incontables ilicitudes, abusos y vagabundería, ha sido la supuesto congelación de la propuesta revisión de importantes aspectos de la seguridad social, especialmente cómo operan las administradoras de riesgos de sanidad (ARS).
El desamparo de clientes de ciertos giros empresariales es uno de los mayores atrabancos para el crecimiento en nuestro país de un capitalismo mejor regulado, con leyes y normas pensadas con equidad para que los consumidores sientan que las autoridades garantizan no sólo buenos negocios sino igualmente excelentes servicios.
Desde que comenzó a trabajar el sistema dominicano de seguridad social de la ley 87-01, sus distintas entidades privadas o públicas han ido logrando el maravilla de sustituir al arcaico e inservible IDSS y ofrecer mejor cobertura de los gastos por enfermedad y atención médica, vejez, discapacidad o accidentes laborales.
Es un éxito de cuatro distintos gobiernos consecutivos.
Algunas golosas ARS atacan a las empresas de igualas médicas. Otras se quejan por la cantidad de reclamos fraudulentos.
En vez de fajarse a competir con excelencia o someter judicialmente e inhabilitar a los malandros, maximizan sus enormes ganancias evitando con mil triquiñuelas inmorales reembolsar legítimos gastos médicos. Una apetito tanto que para reinvertir creó aseguradoras en Centroamérica. Además han inventado aseguradoras paralelas, cuyas reglas son distintas, a las que migran sus mejores clientes.
Terminamos pagando justos por pecadores. La combinación de inefectiva tutela legislativo —tanto para las ARS como sus esquilmados clientes— obliga a repensar cómo reorganizar las coberturas de sanidad.
No puede ser que el Gobierno apoye la ley del embudo, enriqueciendo más que cualquier otro negocio a las ARS y sus empresas filiales, mientras sus clientes quedan desamparados pese a remunerar estratosféricas primas sin alternativas de mercado para castigar a los inhumanos abusadores. Con clientes cautivos cualquiera es un talento financiero. Urge intervención del Gobierno, que seguramente será muy aplaudida.







