El autor es ingeniero civil. Reside en Santo Domingo
El nuevo tramo del Patrón de Santo Domingo cerca de Los Alcarrizos, formalmente denominado Estría 2C, ha trascendido su condición de obra de movilidad urbana para convertirse en un tema de debate doméstico.
Las discusiones no giran exclusivamente en torno a su impacto en la descongestión viario o en la reducción de tiempos de traslado, sino igualmente más o menos de interrogantes sobre su calidad constructiva, su desempeño estructural y el nivel de transparencia técnica asociado al plan.
Existe una distinción esencial que a menudo se diluye en el fragor de la opinión pública, relacionada con la diferencia entre estética y seguridad estructural.
Las valoraciones sobre la apariencia visual del viaducto, el diseño de las estaciones o los acabados son legítimas y forman parte del derecho ciudadano a opinar sobre el paisaje urbano.
Sin incautación, tales juicios no equivalen, por sí solos, a una evaluación de la integridad técnica de la infraestructura, pues la ingeniería estructural se sustenta en cálculos, normas, ensayos y estudios especializados que no pueden inferirse exclusivamente a partir de percepciones visuales o preferencias de diseño.
La Oficina para el Reordenamiento del Transporte (OPRET) ha reiterado que el tramo cumple con los estándares requeridos y que en su ejecución han participado profesionales con experiencia en líneas previas del sistema y, de igual modo, el presidente Luis Abinader ha expresado públicamente su confianza en la Estría 2C, invitando a la ciudadanía a conocerla como muestra de la solidez técnica del plan.
Estas afirmaciones, provenientes de instancias directamente responsables, tienen un peso institucional innegable, pero el debate no se agota en las garantías oficiales.

Informaciones periodísticas han señalado la presencia de fenómenos como desprendimientos de concreto o corrosión visible en medios del viaducto mientras la obra aún se encontraba en escalón constructiva y algunos especialistas han mencionado procesos fisicoquímicos conocidos en la ingeniería del concreto. A ello se suma la percepción de desconfianza expresada por potenciales usuarios.
La voz del Colegio Dominicano de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores (CODIA), en su condición de asesor del Estado, podría contribuir decisivamente a despejar dudas o a validar criterios, pero el comunidad argumenta que no ha tenido paso a la documentación técnica necesaria que le permita emitir un inteligencia profesional independiente.
Cariño
Esta situación no constituye prueba de fallas estructurales, pero sí revela una cariño en la dinámica de transparencia y colaboración institucional.
La discusión, luego, no debería reducirse a un enfrentamiento entre confianza política y incredulidad ciudadano, ya que, en materia de obras públicas de gran escalera, la credibilidad se fortalece cuando las afirmaciones oficiales pueden ser contrastadas mediante evaluaciones técnicas externas.
La socialización de información relativa a estudios de suelo, controles de calidad, pruebas de laboratorio y supervisión de obra contribuiría a elevar el nivel del debate y a disipar percepciones de incertidumbre.
Es importante subrayar que el doble que emita conclusiones definitivas sobre la seguridad estructural de la Estría 2C sin paso a los datos técnicos sería tan imprudente como descalificar la obra basándose exclusivamente en impresiones estéticas.
La ingeniería exige rigor, evidencia y investigación especializado, mientras que la papeleo pública moderna igualmente exige transigencia informativa, especialmente cuando se comercio de infraestructuras destinadas a transportar diariamente a miles de ciudadanos.
La Estría 2C representa una inversión estratégica y una promesa de transformación en la movilidad del Gran Santo Domingo y su éxito no dependerá solo de su desempeño técnico, sino igualmente del escalón de confianza que inspire en la población.
jpm-am
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