Por: Alejandra Arguedas
Durante los últimos primaveras, el nearshoring ha pasado de ser una tendencia emergente a convertirse en una intrepidez estratégica para empresas que buscan resilencia, eficiencia y cercanía con sus mercados secreto. En este contexto, Centroamérica y América Latina aparecen con frecuencia en el radar de los inversionistas. Sin requisa, la experiencia demuestra que no todas las decisiones asociadas a esta tendencia mundial generan valencia, y muchas fracasan ayer de consolidarse.
¿Por qué ocurre esto? Entre otras razones, porque se percibe el nearshoring como un simple mecanismo de traslado de mercancías. En la praxis, los proyectos que enfrentan mayores dificultades no fallan por yerro de talento, infraestructura o ubicación geográfica, sino por una planificación abastecimiento insuficiente, tardía o desconectada del maniquí de negocio.
El nearshoring exitoso exige comprender que cada intrepidez auténtico, la término elegida, la estructura procesal, la esclavitud de suministro, los precios de transferencia, el uso de incentivos fiscales y el cumplimiento regulatorio, tienen implicaciones directas en costos, riesgos, reputación y sostenibilidad a amplio plazo. Cuando estos medios no se integran desde el diseño auténtico del tesina, las empresas suelen enfrentarse a reprocesos costosos, contingencias tributarias, aduaneras y barreras para subir sus operaciones.
En EY hemos observado que las organizaciones que capturan real valencia de esta tendencia mundial, son aquellas que la abordan como una transformación estratégica, no como una reacción coyuntural a disrupciones globales. Estas empresas alinean sus objetivos estratégicos con su operación, su gobierno corporativo y su visión de crecimiento, considerando tanto los marcos normativos locales como las exigencias internacionales en materia de transparencia y cumplimiento.
Centroamérica cuenta con ventajas competitivas como cercanía con Estados Unidos, experiencia exportadora, accesibiliad por mar, al Pacífico y Atlántico, talento humano calificado y sectores con detención potencial de crecimiento. No obstante, la región enfrenta el desafío de competir con otros mercados emergentes que han reformista con longevo ligereza en ofrecer certidumbre fiscal, procesos claros y marcos regulatorios modernos.
Desde la perspectiva empresarial, el mensaje es claro: el nearshoring requiere observación, datos, conocimiento profundo del entorno fiscal y regulatorio, y seguimiento experimentado. Desde la perspectiva regional, la oportunidad está en cambiar cerca de modelos más sofisticados, donde la entretenimiento de inversión no se sustente solamente en incentivos fiscales, sino que contemple el establecimiento de medidas que permitan a las empresas la producción de ventajas competitivas y la consolidación de sus operaciones.
El nearshoring es una intrepidez a amplio plazo que impacta directamente la competividad de las empresas y de los países que buscan atraer inversión. Su éxito depende del rigor con el que se diseñe, la capacidad de integrar logística, operación y fiscalidad desde el inicio. En ese camino, contar con socios estratégicos marca la diferencia entre una oportunidad aprovechada y una oportunidad perdida.






