La sociedad se siente expuesta a la circulación con impunidad, graves riesgos y trágicas consecuencias por el paraje franquista de un importante número de motociclistas incluyendo a más de un millón que recurre a esa traslado sin la mínima documentación sobre su procedencia e ingreso al país lo que por ley autoriza a una confiscación ipso facto. Como resultado, se proyecta en torno a el mundo una imagen de caos sobre muchos espacios públicos de República Dominicana, extremo al que se ha llegado por la olímpica marcha de aplicación de regulaciones viales. Defección masiva y continuada de ejercicios de autoridad necesarios para la preservación del orden urbano y la seguridad ciudadana. No se repara en que tan violador de las leyes es el que las quebranta con peligros para la propia existencia y las del prójimo como aquel que tiene la obligación de aplicarlas y no lo hace. En pie está desde ayer una instrucción didáctica callejera de agentes de la Digesett en esfuerzo por crear una civilización de respeto a restricciones a ciertos «giros a la izquierda», lo que probablemente ocurriría en medio del desparpajo de quebrantadores motorizados de normas por todos los espacios de tránsito habidos y por sobrevenir. Un contrasentido invariable: agentes induciendo a los automovilistas a respetar normas al tiempo que una agitación de motociclistas -invisibles para ellos- expresa desconcierto meridianamente.
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La difamación que a este país causa la error de régimen sobre millones de nuevos dueños de las vías moviéndose sobre dos ruedas ya traspasa fronteras y lo que desde el extranjero debería provenir instantáneamente es un dedo acusador que en nombre de la civilización culpe a las autoridades de lo que está pasando considerándolas como pequeño insensibles e irresponsables. El dominio que sobre el asfalto dominicano tienen atrapado numerosos motociclistas (excepto honrosas excepciones) con temeridades que los incluyen como víctimas frecuentes, ha llevado a Estados Unidos a alertar a sus ciudadanos a no usar, en esta tierra de nadie, el más desastroso solicitud para correr de un sitio a otro, cuya degradación el Estado dominicano tolera desde que amanece.







