El autor es comunicador social. Reside en Santo Domingo Este.
POR ROBERTO VERAS
El corte de ayer obligó a muchos ciudadanos a cambiar su rutina, y en mi caso me llevó a reencontrarme con un añejo costumbre: escuchar la radiodifusión dominicana. Delante la errata de energía eléctrica y de otras formas de entretenimiento, busqué un radiodifusión portátil para mantenerme informado y acompañado en medio de la incertidumbre que generan estos eventos.
Sin bloqueo, me sorprendió notar que el dial de AM prácticamente ha desaparecido de muchos aparatos modernos. Los radios actuales ya no traen incluida esa frecuencia, lo que me hace suponer que el mercado ha decidido relegarla, quizás por considerar que ya no se usa con la misma intensidad que ayer. Para quienes crecimos escuchando informativo, comentarios y programas educativos en AM, esto representa un cambio significativo.
Al no poder ingresar a la amplitud modulada, me concentré en la costado FM. Comencé a monitorear distintas emisoras y encontré varias transmitiendo música en inglés, lo cual refleja una tendencia marcada alrededor de contenidos más globalizados y comerciales. La identidad sonora tradicional parece ir cediendo espacio a formatos más estandarizados.
En una de las estaciones escuché un software de panel integrado, según pude percibir por su forma de musitar, por jóvenes cuyas edades parecían oscilar entre los 25 y 35 abriles. La energía era evidente, pero el contenido resultaba difícil de seguir. Más que un diálogo estructurado, daba la impresión de que cada participante quería imponer su voz.
El tema que abordaban se perdía entre interrupciones constantes. Se hablaban uno por encima del otro, sin una moderación clara que organizara las ideas. En zona de un debate provechoso, el espacio parecía una competencia de barriguita y ocurrencias, lo que dificultaba comprender el mensaje central.
Esa experiencia me dejó una sensación agridulce. La radiodifusión ha sido históricamente un medio de orientación, exploración y formación de opinión pública. Escuchar un software donde predominaba el desorden me llevó a reflexionar sobre los cambios en los estilos de comunicación y en la forma de hacer radiodifusión en el país.
Finalmente, me quedé con una pregunta personal: ¿será que estoy demasiado añejo para entender esta nueva dinámica radial, o será que la radiodifusión dominicana ha cambiado tanto que ya no está a la cumbre de quienes valoramos el contenido estructurado y el respeto al turno de la palabra? Tal vez la respuesta esté en un punto intermedio, entre la proceso generacional y la condición de rescatar la esencia del buen hacer comunicacional.
jpm-am
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