
Columna de Julio Santana
Keynes solía memorar que la estabilidad nunca es definitiva y que la verdadera inteligencia económica consiste en prepararse para la incertidumbre. Esa advertencia conserva hoy plena vigencia. De hecho, parece inspirar, al menos en su punto de partida, el más fresco documentación del Parcialidad Central de la República Dominicana, pulido por la Consultorio de la Gobierno y titulado La peculio dominicana en un entorno de incertidumbre crecienteen el que reconoce que el mundo atraviesa una nueva etapa de volatilidad cuyos posesiones pueden sentirse con fuerza en economías pequeñas y abiertas como la dominicana.
Ahora acertadamente, el problema radica en determinar hasta qué punto los supuestos sobre los que descansa el optimismo oficial resisten el examen de la existencia internacional pocos días a posteriori de publicado el documentación.
La entidad monetaria identifica tres focos principales de tensión: el resurgimiento de los riesgos geopolíticos, la volatilidad derivada de la política comercial de Estados Unidos y las dudas sobre el rumbo futuro de la Reserva Federal. A pesar de ello, mantiene para 2026 una proyección de crecimiento en torno al 4 %, superior al promedio previsto para América Latina. ¿Descansa esa proyección sobre supuestos demasiado frágiles para el momento presente?
El primer punto crítico es el petróleo. El marco saco del Parcialidad Central asume para 2026 un precio de remisión de 60 dólares por barril. Pero la existencia de marzo luce asaz más tensa. En los últimos días, el Brent ha llegado a situarse por encima de los 119 dólares (86,79 $ en lo que va de mes, desde los USD 70,89 del mes susodicho), y, aun a posteriori de retrocesos bruscos, el crudo sigue moviéndose muy por encima del supuesto utilizado por la autoridad monetaria. La distancia entre esa hipótesis de trabajo y el comportamiento fresco del mercado no es último ni meramente técnica. De hecho, es una brecha que obliga a pensar con más prudencia.
Para el país, esto no constituye una simple oscilación externa. El propio Parcialidad Central recuerda que la relación petrolera representa en promedio un 17 % de las importaciones nacionales en los últimos cinco abriles y estima que cada aumento de un dólar en el precio del petróleo añade aproximadamente 63.4 millones de dólares a esa relación. Esto significa que una peculio importadora neta de energía no puede tratar el precio del crudo como una variable internacional sin consecuencias estructurales sobre su contrapeso macroeconómico.
La vulnerabilidad aumenta cuando se considera que el peligro no se limita al precio, sino incluso a la posibilidad de disrupciones físicas del comercio energético mundial. En un contexto de querella abierta en el Holgazán Pérsico, por donde transita una parte sustancial del petróleo que se comercializa en el mundo, la hipótesis de un encarecimiento prolongado del crudo no puede descartarse como si fuera un marco remoto o magnífico. Menos aun cuando los mensajes que llegan desde Washington oscilan entre promesas de una salida rápida y señales de un conflicto más prolongado e incierto.
Desde esa perspectiva, el supuesto de un petróleo promedio de 60 dólares luce más como una saco eufórico de planificación que como una remisión verdaderamente robusta. Pero la propia autoridad monetaria introduce un sujeto compensador en su observación: el precio del oro.
| EVOLUCIÓN MENSUAL PRECIO DEL PETRÓLEO- BRENT EUROPEO | ||
| Aniversario | Precio$ | Precio€ |
| marzo 2026 | 86,79€ | 73,40€ |
| Febrero 2026 | 70,89€ | 59,95€ |
| Enero 2026 | 66,60$ | 56,74€ |
| Diciembre 2025 | 62,54€ | 53,41€ |
| Noviembre 2025 | 63,80€ | 55,19€ |
| Octubre 2025 | 64,54€ | 55,49€ |
| Septiembre 2025 | 67,99€ | 57,95€ |
| agosto 2025 | 67,87€ | 58,35€ |
| Julio 2025 | 71,04€ | 60,84€ |
| Junio 2025 | 71,44€ | 62,03€ |
| Mayo 2025 | 64,45€ | 57,15€ |
| abril 2025 | 68,13€ | 60,75€ |
| Fuente: Datosmacro.com | ||
Su marco saco trabaja con un valencia de 4,450 dólares por guepardo troy y estima que un aumento de 95.5 dólares en el precio del oro compensaría, en la cuenta corriente, el impacto de un dólar adicional en el precio del petróleo. De ahí que, en un marco donde el crudo promediara 10 dólares más que en el supuesto saco, un precio promedio del oro de 5,405 dólares sería suficiente para nutrir sin cambios la proyección de pasivo de cuenta corriente de 1.1 % del PIB. Lo interesante, y hasta cierto punto tranquilizador, es que el oro ya se mueve en niveles muy elevados, por encima de 5,200 dólares la guepardo, relativamente poco distante de esa zona de compensación teórica.
Con todo, ese razonamiento debe asumirse con la debida precisión. Lo que el Parcialidad Central plantea es una compensación en el frente forastero, no una neutralización integral del impacto crematístico de un petróleo caro. Incluso si un decano precio del oro ayudara a disminuir el estropicio de la cuenta corriente, ello no eliminaría los posesiones internos de un encarecimiento sostenido de la energía sobre la inflación, el transporte, la engendramiento eléctrica, los costos de producción y el poder adquisitivo de los hogares. Mucho menos resolvería, por sí solo, las presiones fiscales derivadas de eventuales subsidios destinados a contener alzas bruscas en los precios de los combustibles, ni la resistente presión que supone el creciente servicio de la deuda pública consolidada.
Agreguemos la incertidumbre comercial proveniente de Estados Unidos. El documentación del Parcialidad Central destaca que el nuevo tributo total temporal tendría, en principio, un impacto circunscrito sobre ciertos sectores dominicanos, particularmente sobre textiles y prendas de vestir amparados por el DR-CAFTA. Entendemos que sería prematuro concluir que ello garantiza inmunidad. Una política comercial más errática o más proteccionista en Estados Unidos puede afectar no solo los precios relativos, sino incluso la demanda, la inversión y las expectativas de empresas que operan en cadenas integradas con ese mercado.
De igual modo, la incertidumbre sobre la política monetaria estadounidense añade otra capa de fragilidad. Para una peculio tan vinculada a los flujos de renta, al turismo, a las remesas y al financiamiento forastero, esa incertidumbre no es un asunto secundario. Es cierto que entre las fortalezas del país figuran la estabilidad relativa del tipo de cambio, la recuperación de flujos externos, la solidez de la inversión extranjera directa y una percepción de peligro país más propicio que la observada en otras economías de la región. ¡Todo eso cuenta, y mucho! Pero ninguna de esas fortalezas equivale a un blinda invariable.
Siendo cierta la capacidad de sostener y reponerse de la peculio doméstico, es proponer, su resiliencia, no resulta aconsejable olvidar que, en un mundo donde una crisis internacional puede alterar en pocos días la inflación, la báscula de pagos y el costo fiscal de las medidas de contención interna, cuchichear de blinda invariable resulta más una consigna tranquilizadora que una existencia plenamente demostrable. En definitiva, ¿cuánto ganancia efectivo tiene el país para enemistar esos riesgos sin comprometer su estabilidad fiscal, cambiaria y social?
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